Alemania

Don Giovanni, ovacionada reposición

Juan Carlos Tellechea
Mozart, Don Giovanni. Régie, S. Herheim
Mozart, Don Giovanni. Régie, S. Herheim © 2026 by Bjoern Hickmann
Essen, domingo, 13 de septiembre de 2026.
Gran sala del Aalto-Musiktheater Essen. Don Giovanni, drama jocoso en dos actos con música de Wolfgang Amadé Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte, basado en el libreto de Giovanni Bertati para Giuseppe Gazzaniga de la ópera Don Giovanni Tenorio (1787), estrenado en el Teatro Estatal de Praga el 29 de octubre de 1787. Régie, Stefan Herheim. Escenografía y vestuario, Thomas Schuster. Dramaturgia, Alexander Meier-Dörzenbach. Dirección escénica de la reposición, Marijke Malitius. Reparto: Don Giovanni (Massimo Cavalletti), Donna Anna (Idil Kutay), Don Ottavio (Mykhailo Kushlyk), Comendador (Tijl Faveyts), Donna Elvira (Jingjing Xu), Leporello (Baurzhan Anderzhanov), Masetto (Karel Martin Ludvik), Zerlina (Mara Guseynova, en sustitución por enfermedad de Liliana de Sousa). Coro de ópera del Aalto-Theater. Extras del Aalto Theater. Clave y órgano, Marlowe Fitzpatrick. Mandolina, Ekaterina Solovey. Orquesta Essener Philharmoniker. Dirección musical y pianoforte Andrea Sanguineti. 100% del aforo.
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Don Giovanni de Wolfgang Amadé Mozart, en la impresionante versión de culto del noruego Stefan Herheim, fue aclamada hace 20 años y ha vuelto a ser ovacionada este domingo al subir nuevamente a la cartelera en el Aalto-Theater de Essen. Así que la euforia por Mozart continúa en el 270º aniversario de su nacimiento y esta ópera sigue siendo una de sus piezas líricas más representadas, después de La flauta mágica y Las bodas de Fígaro. Incluirla en la programación de esta temporada ha sido una inteligente decisión de los responsables de este escenario.

En la catedral

Hay puestas en escena que se convierten rápidamente en legendarias tras su estreno por su carácter visionario y hasta premonitorio. La de Herheim de Don Giovanni es una de ellas. Massimo Cavalletti dotó al papel protagonista de una presencia mágica y una vitalidad demoníaca, vagando impetuosamente por el escenario; no solo como un notorio mujeriego, sino más bien como un hombre venerable con un atractivo sexual nervioso e irresistible.

¡Por todos los santos, vaya personaje! La invocación cobra aquí todo su sentido. El único escenario (Thomas Schuster, también vestuario) es una catedral barroca que, gracias al escenario giratorio y a las columnas móviles, cambia constantemente.

Abusos espirituales

Casualidad o no, pocas horas después, mientras este corresponsal escribía la presente reseña en la mañana del lunes 14 de septiembre, la Conferencia Episcopal de Alemania convocaba a una rueda de prensa diez días más tarde sobre un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Münster acerca de lo que denomina los abusos espirituales del clero en las comunidades religiosas.

Los elementos sacros se utilizan de forma blasfema en esta puesta de Stefan Herheim, desviándolos de su finalidad original: el altar se convierte en una mesa de banquete, el confesionario en un frecuentado nido de amor, el cáliz en una copa de champán, la mitra en un gorro de bufón, la Biblia en una lista de mujeres seducidas (1003 en España, 640 en Italia, 231 en Alemania, 100 en Francia, 91 en Turquía) y la pila bautismal en el lugar de la muerte del comendador. El público percibe todo como si estuviera presenciando la vida diaria en un burdel .

Santo libertino

El propio Giovanni salta al principio de un cuadro que representa a Juan el Bautista, cuya inscripción cambia de San a Don; el santo libertino. Así brota incesantemente la fuente de ideas y rebosa de asociaciones, referencias y alusiones, entre ellas la cómica y conmovedora reinterpretación de la pareja de campesinos Zerlina y Masetto (Mara Guseynova, en sustitución por enfermedad de Liliana de Sousa; y Karel Martin Ludvik), cuando eran jóvenes novios (en silencio), y ya de mayores.

Si la representación -animada por el director titular Andrea Sanguineti- con una interpretación orquestal matizada y enfática, y con un elenco por encima de la media, tiene algún problema, es por su abundancia de tesis y afirmaciones visuales que en la época de su estreno causaron cierto estupor y que hoy se ven confirmadas por hechos denunciados y perfectamente verificados.

Hipocresía

Verbigracia, en aquellos años del papa Benedicto XVI nadie creía que este (Joseph Ratzinger), siendo cardenal arzobispo de Múnich, había encubierto tantos casos de abusos sexuales en su diócesis entre finales de la década de 1970 y mediados de 1980, antes de ser llamado por el papa Juan Pablo II para asumir la jefatura de la temible Inquisición (eufemísticamente, la Congregación para la Doctrina de la Fe).

En el centro de la susodicha catedral se encuentra un gran retablo de alas, dentro del cual músicos con atuendos de ángeles forman una orquesta de cámara barroca para acompañar algunas de las situaciones. El escenario giratorio y los tramoyistas disfrazados de monjes forman columnas y celosías que crean nuevos ángulos en esta iglesia. El confesionario, como lugar de manipulación y abuso (dizque espiritual), desempeña asimismo un papel central.

Ni El Juicio Final

De nada sirve que alguno de los cuadros muestre escenas de El Juicio Final (de Hans Memling) y que en el interior de las puertas del retablo se reproduzca la imagen de la mano de Dios en La Creación de Adán (de la Capilla Sixtina); nada atemoriza a estos violadores.

Marijke Malitius es la responsable de la nueva puesta en escena de esta interpretación de Herheim crítica con la Iglesia, en la que Don Giovanni es San Giovanni, San Juan, pero aquí más demonio que santo. Un ser que, con la ayuda de su -rara vez este término ha sido tan acertado como aquí- sirviente, el sacerdote Leporello (Baurzhan Anderzhanov), se lanza a la caza de almas (pobrecillas incautas).

A pesar de las pequeñas modificaciones en el texto y de estas directrices tan específicas, la ópera de Mozart sigue siendo el eje central de la interpretación, y los nuevos miembros del elenco también pueden aportar su propio perfil a sus papeles.

Elenco

Como suele ocurrir en el Aalto-Theater, la música de Mozart está aquí en las mejores manos. En esta representación son, sobre todo, dos cantantes las que causan sensación. Idil Kutay en su fresca y límpida voz de soprano muestra el lado emocional de Donna Anna -una víctima de abusos que ansía venganza- con el lado técnico del canto de bravura. En sus dos grandes arias, está más que a la altura de las elevadas exigencias del papel.

Jinging Xu encarna a Donna Elvira, la desesperada amante de Don Giovanni, con una intensidad apasionante que irradia hasta lo más alto del escenario. En su gran aria 'Mi tradi quell’alma ingrata', demuestra sus cualidades de bel canto con una respiración controlada. Incluso la pequeña aria 'Ah fuggi il traditor', que a menudo pasa desapercibida, la convierte en una acusación interpretada con furia. A este alto nivel se sitúa también Baurzhan Anderzhanov como Leporello, quien demuestra su fino tacto musical tanto en este papel como en el protagonista de Las bodas de Fígaro, que interpreta también en este Aalto-Theater.

El pueblo

Mykhailo Kushlyk es un Don Ottavio enérgico, con un tenor potente, que intenta con éxito alejar el papel lo más posible del estereotipo del cobarde. Karel Marin Ludivk es un Masetto contundente. A la agradable soprano Mara Guseynova (Zerlina) no le falta nada en su papel; esta experimentada cantante tiene una gran ventaja en cuanto al ritmo de su presencia escénica y su caracterización histriónica.

Massimo Cavaletti aporta el carisma necesario para el papel protagonista y convence con un barítono peligrosamente marcante. Tijl Faveyts tiene la voz de bajo necesaria para plantarle cara a este seductor en el pequeño papel del Comendador e iniciar una apasionante escena final. Aunque el coro de ópera del Aalto-Theater tiene poco que cantar en Don Giovanni, en su papel de pueblo es una parte tan importante de la puesta en escena como los numerosos figurantes.

Inolvidable

La música de Mozart y la Filarmónica de Essen, bajo la égida de Andrea Sanguineti (también al pianoforte), forman, como siempre, una buena combinación. En esta velada fueron sobre todo las cuerdas las que destacaron en el panorama sonoro, así como la mandolina (Ekaterina Solovey), el órgano y el clave (Marlowe Fitzpatrick).

Sanguineti es un inteligente intérprete de esta música; deja que respire, y con ella también los cantantes; mas utiliza a la orquesta en las arias como un acompañamiento sutilmente matizado, para que el fuego dramático de los finales resalte aún más. En síntesis, se trata de una producción que no se olvida fácilmente, con cantantes fabulosos, una escenografía y una acción que tienen mucho pero mucho que decir, así como una música inigualable.

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