Discos

Behold A Wonder Here, John Dowland, Lautten Compagney

Juan Carlos Tellechea
Behold A Wonder Here. John Dowland
Behold A Wonder Here. John Dowland. Kathleen Danke (soprano), Anna Moritz (soprano), Julia Böhme (alto), Mirko Ludwig (tenor), y Cornelius Uhle (bajo). Lautten Compagney. Wolfgang Katschner, dirección musical. Fuentes: 1597 - First Book of Songs or Ayres; 1600 - Second Book of Songs or Ayres. 1603 - Third Book of Songs or Ayres; 1612 - A Pilgrim‘s Solace. John Dowland, Come again, Were every thought an eye, Praise blindness eyes, for seeing is deceit, A shepherd in a shade his plaining made, My thoughts are wigd with hopes, Clear or cloudy sweet as April showring, The King of Denmark's galliard, His golden locks time hath to silver turned, Stay time a while thy flying, Time stands still, O sweet woods, the delight of solitarinesse, Mr. Downland's Midnight, Flow my teares, fall from your springs, Now, o now, I needs must part, My Lady Hundsdon's puffe, Fine knacks for ladies, cheap, choice, brave and new, The lowest trees hae tops, Unquiet thoughts, Behold a wonder here, Humour say what makst thou here, Lady if you so spite me, What poor astronomers are they, Can she excuse my wrongs with virtues cloak. Un disco grabado en la Aufseß-Saal, Germanisches Nationalmuseum de Nuremberg del 10 al 13 de febrero de 2026. Bastian Schick, ingeniero de sonido. Producción de Accentus Music en coproducción con la Bayyerischer Rundfunk – BR Franken. © 2026 Bayerischer Rundfunk y Accentus Music, Leipzig.
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Aunque John Dowland no destacó especialmente en el ámbito de la música religiosa, la situación es muy diferente en el área vocal e instrumental, como muestra esta apasionante selección de canciones reunidas en el nuevo álbum Behold A Wonder Here del conjunto Lautten Compagney de Berlín (sello Accentus Music de Leipzig, en cooperación con la radiodifusora Bayerischer RundfunkBR Franken (de Franconia, Baviera).

Lo más íntimo

De hecho, el compositor publicó cinco libros de canciones que, por sí solos, contribuyeron en gran medida a su fama. Los cancioneros de John Dowland son una pequeña maravilla de la historia de la música. A partir del año 1597 se publicaron varios de sus Books of Songs and Ayres. Por su calidad única a la hora de combinar texto y música, pueden equipararse sin duda a las canciones de otros músicos famosos como Henry Purcell, C. Ph. E. Bach, Franz Schubert o Johannes Brahms. Muchos de los Ayres de Dowland se concibieron originalmente para un cuarteto vocal con acompañamiento de laúd y viola da gamba. Hoy en día se interpretan principalmente como canciones solistas.

Con sus casi cien Songs and Ayres, Dowland dejó, en torno al año 1600, una obra de una fascinante diversidad musical y poética. Pero eso sería pasar por alto sus composiciones para laúd solo, en las que el compositor inglés expresa quizá lo más íntimo de su genio.

En esta magnífica recopilación dedicada a este singular cantor de la poesía musical llevada hasta sus últimos límites, participan muchas voces hermosas: Kathleen Danke (soprano), Anna Moritz (soprano), Julia Böhme (contralto), Mirko Ludwig (tenor) y Cornelius Uhle (bajo).

Deleite

El conjunto Lautten Compagney de Berlín, dirigido por Wolfgang Katschner (laúd renacentista y tiorba inglesa), está integrado aquí por Juliane Laake (viola da gamba), Gertrud Ohse (viola), Friederike Däublin (violín tenor), Ulrike Becker (violín bajo), Daniel Trumbull (órgano y clave). Max Hattwich (laúd y guitarra renacentistas, así como sistro) y Hans Werner Apel (orpharion, tiorba inglesa).

Por tanto, es esta una apasionante selección de canciones de John Dowland, interpretadas por artistas ''cuyo toque divino'' se asemeja al del cantor de la música isabelina que ''con el laúd sabe deleitar los sentidos'', tal y como lo describiera en su época el poeta Richard Barnfield.

Fuentes

John Dowland compuso sus ''Books of songs'' entre 1597 y 1612. La selección de piezas involucra además a fuentes como A Pilgrimes Solace (1612), Margaret Board her Booke (1620) y The Folger manuscript (alrededor de 1600). En ellas, el compositor capta el lado oscuro del alma a través del genio de una infinidad de sutilezas expresivas que se entrelazan entre la melodía y el texto.

Y es que los complejos textos rozan a menudo lo enigmático. En cualquier caso, la unión de la voz y el laúd resulta especialmente lograda en canciones de tono melancólico, en las que la intimidad nunca rima con monotonía. Más bien es un juego de luces y sombras. Estas canciones tienen forma estrófica y algunas incluyen un estribillo. Algunas no han sido incluidas en esta grabación, pero forman parte del repertorio del conjunto.

Tono elegíaco

El sentimiento que más se refleja es el de la queja. Como en Flow my tears (Fluyen mis lágrimas) o I saw my lady weep (Vi llorar a mi dama), en la que Dowland expresa un tormento inexorable. En Sorrow, sorrow stay (Dolor, quédate aquí), el lamento transmite una gran tensión emocional.

La tristeza también se encuentra en piezas de tono más elegíaco, como es el caso de O sweet Woods (Oh, bosques encantadores), donde el narrador se confía ''a los pájaros, a los árboles, a la tierra''. Esto puede llegar a lo hipnótico, como en Come, heavy sleep (Ven, sueño profundo).

Semper Dowland, semper dolens

La melancolía era un tema al que John Dowland volvía una y otra vez, creando arte a partir de un estado de ánimo más rico y variado en su forma y cualidades que la mera miseria. No era el único con esta obsesión: La anatomía de la melancolía, de Robert Burton, se publicaba en 1621, momento en el que Dowland ya era el laudista más famoso de su tiempo. Se trataba de una aflicción que denotaba sofisticación y refinamiento por parte de quien la padecía.

La exquisitez y el refinamiento impregnan cada nota del programa, que abarca grandes éxitos como de Iestyn Davies y Thomas Dunford, que abarca desde grandes éxitos, desde Flow, my tears hasta la compleja poesía de Time stands still. Nada se da por sentado. Lo más llamativo es la urgencia de Can she excuse my wrongs?

El drama oculto

A primera vista, la letra de Can she excuse my wrongs parece un típico poema de amor renacentista sobre un hombre que sufre el frío rechazo de una mujer. Sin embargo, en el entorno despiadado de la corte isabelina, se trataba de una canción de protesta política altamente explosiva. El poema fue escrito por Robert Devereux, segundo conde de Essex, el apuesto, temperamental y mucho más joven cortesano favorito de la reina Isabel I.

La estrofa: "Was I so base, that I should sort with woe? / Or O, so base, to glauer [fawn] on a foe?" (¿Era yo tan vil como para merecer el dolor? / ¿O, ay, tan vil como para adular a un enemigo?)

El verdadero significado: Essex escribió esto durante una de sus frecuentes disputas con la reina Isabel. Cuando la letra pregunta si ''ella'' puede perdonarle sus faltas, no se refiere a una discusión de pareja, sino que está discutiendo con su soberana. Está expresando públicamente su ira porque la reina le ha pasado por alto en los ascensos políticos, cuestionándose si es ''demasiado humilde'' para formar parte de su círculo más cercano y amenazando sutilmente con que su lealtad tiene límites.

El giro final de la historia: Essex no se limitó a la poesía. En 1601, intentó dar un golpe de Estado contra Isabel I. El intento fracasó estrepitosamente y ella lo mandó decapitar por traición. Cuando Dowland publicó esta canción, el público sabía perfectamente de quién era el fantasma trágico y rebelde que hablaba a través de los versos.

Adulación

Behold a wonder here, que da título a este álbum, es una de las piezas más fascinantes desde el punto de vista intelectual y de estructura más elegante del maestro del Renacimiento inglés tardío John Dowland. Publicada originalmente en The Third and Last Booke of Songs or Ayres (1603), esta pieza destaca porque se aleja de la melancolía oscura y lacrimosa que caracterizó la carrera de Dowland, optando en su lugar por una exploración brillante e ingeniosa del amor, la vista y la adulación real.

La letra anónima de la canción describe un acontecimiento milagroso: Cupido (Amor), que llevaba cientos de años ciego, ha recuperado de repente la vista. Las estrofas: La letra explica que los rayos que Cynthia (la diosa de la luna) infundió en los ojos de Cupido han curado su ceguera y le han hecho sabio. Como el Amor por fin puede ver la profunda belleza que tiene ante sí, su naturaleza salvaje e impredecible se transforma en una devoción constante (deber). En una brillante paradoja final, la canción señala que la belleza tiene un doble poder: le devuelve la vista al Amor y, al mismo tiempo, deja completamente ciega a la Locura.

En la cultura cortesana isabelina, Cynthia era un seudónimo muy conocido de la reina Isabel I. Publicada el mismo año de su muerte (1603), la canción constituye una obra maestra de la adulación política cortesana. En ella se sostiene que la belleza y la pureza divinas de la reina son tan poderosas que pueden reformar al propio y caótico Dios del Amor, aportando orden y sabiduría a la corte.

Voces e instrumentos

El tono puede volverse aún más caprichoso y decidido: la canción Fine knacks for ladies (Bonitas baratijas para damas) se burla de la vanidad de las cosas, pues ''el dinero no lo puede todo'' y ''los regalos caros son engaños''. En esta grabación, la Lautten Compagney Berlin ha optado por una interpretación en forma de conjunto vocal con acompañamiento instrumental.

Lo ideal es que las voces se sitúen entre las cuerdas del laúd y que este las acune. De hecho, la unión entre la voz y el laúd parece algo natural, dada su total complicidad, fruto de un largo trabajo de maduración.

Las sopranos Kathleen Danke y Anna Moritz hacen suya esta poética delicadamente alusiva. La belleza de sus timbres matizados es una baza nada desdeñable, que se ve enriquecida por un cuidado trabajo en los acentos, especialmente en lo que respecta al registro piano, sobre todo en los finales de frase, tan expresivos gracias a la voz que se va apagando.

Elocuencia

Las cantantes, incluida la contralto Julia Böhme, y los cantantes, el tenor Marko Ludwig y el bajo Cornelius Uhle, transmiten un caleidoscopio de emociones sutiles mediante una sabia paleta de colores, diferencias infinitesimales de intensidad y hermosas sostenidas de la voz. Igualmente admirable es la naturalidad de la declamación, que nunca fuerza el texto.

A ello responden los acentos aterciopelados del laúd de Wolfgang Katschner. Este maestro del instrumento, que sabe mantenerse discreto, muestra una interpretación que no podría ser más inspirada. Una interpretación que transmite la esencia de la refinada música de Dowland, una estrecha fusión entre letra y música, hasta el punto de que algunas palabras se eligieron por su sonoridad y el eco que crean con la del laúd. La ligereza y la elocuencia del instrumento de cuerdas pulsadas resultan aquí evidentes.

Grabación

El conjunto Lautten Compagney de Berlín, así como el laúd y la tiorba de su director Wolfgang Katschner conmueven al oyente hasta lo más profundo. Grabado con esmero en un ambiente generoso por el ingeniero de sonido Bastian Schick en la sala Aufsess del Museo Nacional Germánico de Nuremberg en febrero de 2026, las voces se integran a la perfección en el conjunto instrumental. La captación de sonido es a la vez cercana y aireada, y ofrece una imagen de gran relieve.

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