Una jirafa en Copenhague

Federico García Lorca y Omar Jerez en un proyecto común

Omar Jerez
Federico García Lorca y Omar Jerez Federico García Lorca y Omar Jerez © 2026 by Omar Jerez
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Tengo la sensación de que todo el mundo conoció a Federico García Lorca: escritores, cineastas, artistas, académicos, políticos, profesores y estudiantes. A todos ellos les ha contado algo personalmente que el resto desconocemos por completo. Cuando escucho a cada uno de ellos hablar de Federico García Lorca, parece que se han tomado el vermú con el mismo poeta en el bar de la esquina. Es como si todos tuvieran una relación íntima y personal con él, y hubiera que pedirles disculpas por poner en duda varios de los hechos que ponen sobre la mesa. Nadie podría interrumpir un acto sagrado y ceremonial en el que ellos y Federico García Lorca son un solo cuerpo, aunque nadie se lo haya pedido.

Llevo años pensando si debo explicar públicamente mi relación con Federico García Lorca o si es mejor que se quede en el ámbito privado. He escuchado tantas y tantas estupideces que ahora voy a aportar en este artículo un dato histórico que une a un miembro de mi familia con Federico García Lorca.

Cuando era pequeño, me contaron que el hermano de mi abuelo materno no solo conoció a Federico García Lorca, sino que fue una de las últimas personas que lo vio con vida antes de su muerte. Toda mi familia materna es de Granada, y el hermano de mi abuelo, que se llamaba Antonio Jerez Beas, era policía secreta.

En lugar de contaros el testimonio de mis familiares, que aparecen en los libros de historia, prefiero ofreceros el del escritor granadino Eduardo Molina Fajardo, recogido en su obra Los últimos días de García Lorca, publicada por la editorial Plaza & Janés:

- ¿Me quieres decir cómo fue el estar tú de policia? ¿Por qué entrate en el cuerpo?
- Yo fui policía voluntario. Había participado en las oposiciones del año 1935 y, al comenzar el Alzamiento, me incorporé inmediatamente.
—¿Cómo te enteraste de la detención de Federico García Lorca?
- Me lo contó un compañero mío de la comisaría, Antonio Jerez Beas, que iba por la calle Duquesa cuando se formó todo aquel jaleo. Al verme, me dijo lo que había sucedido. Al saberlo, nos fuimos los dos juntos al Gobierno y nos encontramos con bastante lío en las escaleras. Allí vimos a un guardia amigo nuestro y le dijimos: «España, ¿a quién han traído?». Él nos contestó que a un señor que se llamaba Federico García Lorca. Y le dije: "Hombre, pues ese señor es muy amigo de mi primo, y yo también lo conozco".
Subimos a verlo. Yo entré y él estaba sentado allí, en una especie de pequeño despacho, detrás de la mesa. Al verme, se asustó e hizo ademán de levantarse. Pero, al darse cuenta de que era yo, se quedó más tranquilo, y yo también me senté al otro lado de la mesa.

Vamos con otro extracto sobre el hermano de mi abuelo, Antonio Jerez Beas, y la relación circunstancial que tuvo con Federico García Lorca: 

- Yo me fui aquella noche de allí y, al día siguiente, marché a la comisaría, como de costumbre. Al llegar, Antonio Jerez Beas me dijo:
- ¿Sabes que ha desaparecido Federico, ese señor de anoche?
- ¿Sabes que ha desaparecido Federico, ese señor de anoche? ¿Que ha desaparecido del Gobierno?”

Por eso, cuando escucho a alguno de estos bastardos diciendo que Federico García Lorca había sido fusilado por homosexual o masón, algo que es completamente falso, les digo a esos sujetos que, cuando habléis del gran Federico García Lorca, lo hagáis con datos históricos y no con el fanatismo sectario que os caracteriza.

Mi tío abuelo Antonio Jerez Beas desempeñó un papel honorable en su relación circunstancial con Federico García Lorca.

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