El extraordinario concierto per Dresda, ofrecido esta tarde por el prestigioso conjunto barroco Ensemble 1700, bajo la égida de la virtuosa flautista Dorothee Oberlinger, fue un homenaje fascinante y de gran riqueza sonora al barroco de la corte de Sajonia. Verdaderos tesoros del legendario Schranck (armario) nº II de Dresde fueron reunidos por el conjunto para mimar a su público en el estudio auditorio Klaus von Bismarck de la WDR Funkhaus (Casa de la Radio de la WDR, Radiodifusora del oeste de Alemania).
El entonces concertino de la orquesta de la corte de Augusto II el Fuerte de Sajonia, Johann Georg Pisendel conservaba en ese invalorable mueble miles de partituras de obras instrumentales, muchas de ellas brillantes, interpretadas por sus músicos. De no haber conservado Pisendel sus partituras en ese armario estas se habrían perdido para siempre tras el incendio de la biblioteca de la corte sajona en 1760.
El magnífico recital, celebrado en el marco del Forum Alte Musik Köln, convenció en todos los aspectos desde el principio al fin y fue grabado por la emisora cultural WDR 3 (ver más detalles al final de esta reseña).
El Ensemble 1700 estuvo integrado esta vez por Dorothee Oberlinger (flauta dulce y dirección); Susanne Regel (oboe 1), Mario Topper (oboe 2); Jonas Zschenderlein (violín 1), Christian Voß (violín 2); Anna Kodama (violín, viola 2), Gabrielle Kancachian (viola); Marco Testori (violonchelo), Raivis Misjuns (violone); Makiko Kurabayashi (fagot), Michael Dücker (laúd); y Florian Birsak (clave, órgano).
El repertorio destacó por su exquisita selección histórica; se presentaron obras de los maestros Jan Dismas Zelenka, Johann David Heinichen, Johann Georg Pisendel, Francesco Maria Veracini, Charles François Dieupart, Johann Friedrich Fasch, Johann Joachim Quantz, Pierre-Gabriel Buffardin, Christian Petzold, Georg Philipp Telemann y Antonio Vivaldi. Esta mezcla captó a la perfección la atmósfera opulenta, con influencias italianas y francesas, de la corte de Dresde bajo el reinado del casi mítico monarca.
La velada comenzó con la Obertura nº 6 en sol menor para dos oboes, cuerdas y bajo continuo del virtuoso violinista florentino Francesco Maria , quien formó parte durante algunos años del grupo de músicos de Dresde. En 1716 Veracini le dedicó al príncipe elector sajón, en Venecia, una edición impresa con 12 sonatas para violín o flauta dulce (probablemente era el propio destinatario de la dedicatoria quien tocaba este último instrumento mencionado).
Sin embargo, el contrato de Veracini terminó en 1722 tras repetidos incidentes con la orquesta de la corte dirigida por y un salto desesperado desde el segundo piso de su vivienda; desde entonces cojeaba. Su obertura en sol menor, compuesta probablemente en 1715 en la corte de Düsseldorf, demuestra que Veracini dominaba a la perfección la mezcla, muy popular en Alemania, entre el estilo francés danzante y el estilo italiano virtuoso y melódico. El minueto final (Allegro, con sus líneas melódicas al unísono, da muestra de su sentido del humor musical.
El Ensemble 1700 no actuó como mero acompañamiento, sino como un interlocutor altamente flexible y con un profundo conocimiento histórico, a un nivel de talla mundial. La articulación fue nítida, los ritmos fascinantes y los matices dinámicos resultaron extraordinariamente plásticos.
A continuación vinieron los Cánones (ZWV 191) de Jan Dismas —son nueve en total, de los que a menudo se presenta una selección de cuatro (en el presente concierto fueron interpretados los números 1, 2, 3 y 9), y constituyen un documento fascinante de la maestría contrapuntística. Fueron compuestos durante la etapa de estudios de Zelenka en Viena (aprox. 1717-1721) bajo la tutela del famoso teórico del contrapunto Johann Joseph Fux.
Se trata de obras maestras académicas que, al oído del público asistente, resultaron totalmente vivas, fluidas y orgánicas. La selección de los referidos cuatro cánones fue un auténtico acierto para los amantes de la música de cámara del alto barroco. Los músicos dieron vida a las partituras con un palpable entusiasmo interpretativo que transmitió de forma auténtica el brillo típico de Dresde.
Desde el punto de vista compositivo, están a la altura de las últimas obras contrapuntísticas de Johann Sebastian Bach, pero conservan el lenguaje musical propio, original y cautivador de Zelenka. Este compositor nacido en Praga, contemporáneo de Bach y Telemann, fue uno de los más cosmopolitas. Aunque vivió en Viena y Praga, pasó gran parte de su vida adulta en Dresde y encarnó la deriva hacia el oeste de la diáspora bohemia.
El Zelenka instrumental es un compositor mucho menos conocido que el coral; sus obras instrumentales se limitaron, en su mayor parte —aunque no exclusivamente— a un período de cinco años en torno a 1718-1723, aunque el origen compositivo y la datación exacta de muchas de estas obras siguen siendo algo problemáticos. En cualquier caso, siempre han quedado eclipsadas —al igual que las sonatas a trío, de una dificultad excepcional— por la reputación de Zelenka como compositor destacado de música litúrgica.
Una de las curiosidades aquí presentadas fue el Concierto en la menor para flauta dulce, dos oboes, cuerdas y bajo continuo de Charles que siguió a continuación. Dorothee ofreció una interpretación brillante; a los oboes se los escucha principalmente en los tutti. Este Concierto cuenta con partes solistas para violín y oboe, pero dado que los tres movimientos (Allegro; Grave e staccato – Allegro) son muy breves, los demás tienen poco margen para destacar.
Dieupart, compositor y violinista de origen francés que se estableció en Inglaterra, desarrolló toda su carrera en Londres a partir de 1704 y contribuyó en gran medida a introducir allí la ópera italiana. Dejó seis sonatas para clave, con arreglos alternativos para flauta o violín y bajo continuo, que oscilan entre el estilo italiano y el francés.
Parece que en aquella época se compusieron pocos conciertos para flauta dulce en Inglaterra. Esto quizá podría deberse a que los compositores se centraban en los aficionados más que en los profesionales.
El cuarto compositor presentado por el Ensemble 1700 fue Johann David con su Concerto en re mayor S. 226 para flauta, oboe, tiorba, violín, violonchelo, cuerdas y bajo continuo. El Concierto en re mayor (Seibel 226) de Johann David Heinichen es un ejemplo destacado de la música orquestal virtuosa y llena de matices del barroco de Dresde.
Esta obra en tres movimientos, compuesta para el legendario conjunto de la Capilla de la Corte de Dresde, rompe con los patrones tradicionales del concerto grosso clásico mediante una mezcla muy innovadora de grupos de solistas que van cambiando.
El Concierto en re mayor S. 226 demuestra de forma impresionante por qué Heinichen fue aclamado en vida como el Jean-Philippe Rameau de Alemania. No se trata de un concierto barroco formulista y prefabricado, sino de una obra maestra colorida e impredecible que cautiva sobre todo por su variada instrumentación y los virtuosos solos de los instrumentos de viento-madera.
La primera parte de la velada concluyó con el precioso Concerto en sol menor (original en mi menor) para flauta dulce, cuerdas y bajo continuo de Pierre-Gabriel , el flautista estrella de la corte sajona.
La composición es todo menos una mera pieza desenterrada para teóricos de la música, sino un concierto virtuoso de gran calidad y emocionalmente apasionante que ofrece a la flautista Dorothee Oberlinger y al un terreno musical en el que desplegar energía y expresividad rica en matices.
En 1715, Augusto el Fuerte nombró solista de flauta a este joven francés procedente de la Provenza; le pagaba tan bien que Buffardin permaneció al servicio de la Orquesta del Príncipe Elector de Sajonia y de la Real Orquesta de Polonia durante 34 años.
Buffardin no solo fue un reconocido virtuoso, sino también un importante pedagogo. Entre sus alumnos se encontraban Johan Jacob, hermano de Johann Sebastian Bach, y Johann Joachim (oboísta y flautista de la corte de Dresde). Quien más tarde sería profesor de flauta del rey prusiano Federico II (el Grande), quedaría especialmente impresionado por el tempo con el que Buffardin tocaba la flauta travesera.
Tanto Buffardin como Quantz se dedicaban también a la construcción de flautas; hay réplicas de ellas en uso y confeccionadas en nuestros días. Hasta ahora, apenas se conservaban composiciones de Buffardin; mas cinco sonatas fueron redescubiertas no hace mucho tiempo, revisando archivos en Dresde y en Bruselas.
El presente Concierto para flauta, cuerdas y bajo continuo ocupa un lugar especial en la musicología y en la práctica interpretativa; cautiva por su enérgica y apasionante austeridad en tono menor, que recuerda en gran medida al estilo concertante de . A pesar del temperamento italiano, en los adornos y el fraseo brillan una y otra vez el refinamiento y las raíces danzantes de la escuela francesa.
La obra exige al solista un virtuosismo impresionante. Los movimientos extremos rápidos (Allegro non molto y Vivace) se caracterizan por una gran complejidad técnica, mientras que el Andante central irradia un carácter profundo, cantabile y sumamente elegante.
Dorothee Oberlinger y su Ensemble 1700 dotaron a la obra de una enorme vitalidad, impulso rítmico y brillantez dramática, así como de una improvisación llena de estilo y adornos basados en el conocimiento histórico, que aportaron un brillo adicional a la parte solista.
Antes, el conjunto había interpretado el Cuarteto en la menor FWV N:g1 de Johann Friedrich (transcrito para flauta dulce, violín, violonchelo y bajo continuo), un documento fascinante de la transición del barroco tardío al estilo galante.
Concebida originalmente como una Sonata à quattro en sol mayor para flauta, dos violletas y bajo continuo (u otras formaciones alternativas), la obra adquiere una mayor cualidad dramática completamente nueva gracias a la transposición a la menor y a su ampliación a un miniconcierto orquestal (con cuerdas).
Fasch fue contemporáneo de Johann Sebastian Bach, lo que ha mermado considerablemente el interés por su música. Fue el musicólogo alemán Hugo Riemann quien, a principios del siglo XX, intentó rehabilitar su reputación.
En su época, Fasch fue un hombre famoso, cuyas obras se conocían mucho más allá de las regiones en las que trabajaba. Una de las etapas más importantes de su vida fue la que pasó en Leipzig. Se incorporó a la Thomasschule a los 13 años y se vio influido por Georg Philipp , quien había llegado a Leipzig en esa misma época.
Johann Friedrich Fasch había aprendido por su cuenta a tocar el teclado y el violín; comenzó a componer al estilo de Telemann, y lo hizo con tanto éxito que algunas de sus obras fueron interpretadas por el Collegium Musicum. En Leipzig también entró en contacto con la música de otras partes de Europa, en particular con los conciertos de Vivaldi.
El Minueto l’Inconnu con variaciones de Johann Joachim Quantz (conocido a menudo como Variaciones sobre el Minueto, L’Inconnue) es una de las piezas solistas más atractivas del estilo barroco y galante alemán. Como maestro de flauta y compositor de la corte de Federico el Grande, Quantz creó una obra que, además de tener un gran valor pedagógico, destaca por su brillantez concertante.
El virtuosismo de Dorothee Oberlinger, su dominio absoluto de la flauta dulce —desde pasajes delicadísimos hasta escalas rápidas y apasionadas— confirió a la composición una vitalidad cautivante. La sobresaliente interpretación resultó de la expresiva técnica respiratoria y digitativa de la solista y directora del Ensemble 1700.
La pieza se basa en una melodía de danza francesa sencilla, pero sumamente elegante (L'Inconnu – El desconocido). Está escrita en el típico compás de tres por cuatro y destaca por un fraseo claro y por el carácter cortesano y grácil del estilo galante.
La selección de variaciones sobre el minueto es un ejemplo paradigmático del arte de la flauta del siglo XVIII; combina la ligereza francesa con la maestría alemana. Para los espectadores del concierto de esta tarde supuso una experiencia sonora entretenida y elegante; para los músicos, una pieza solista gratificante que exige tanto precisión técnica como un fino sentido de la articulación histórica.
La segunda parte de este interesante recital fue abierta con Hipocondrie à 7 concertanti en la mayor ZWV 187 de Jan Dismas Zelenka para dos oboes, fagot, cuerdas y bajo continuo; una de las obras orquestales más fascinantes y originales del barroco tardío. Compuesta en Praga en 1723, esta pieza de un solo movimiento, aunque dividida en varias partes (Lentement/Allegro – Lentement – Adagio), rompe con los principios formales tradicionales y ofrece un retrato sonoro psicológico que se adelantó mucho a su tiempo.
En esta composición, inspirada en una obertura francesa ampliada, aunque transformada mediante la excéntrica armonía característica de Zelenka, las siete partes instrumentales compiten entre sí como solistas y armonizan a la vez; la partitura exige lo máximo a los músicos del Ensemble, especialmente a las maderas.
La atractiva Hipocondría ZWV 187 de Zelenka no es un agradable ruido de fondo barroco; es una pieza de nueve minutos de carácter audaz, armónicamente atrevida y cargada de emoción, que tiende a lo discursivo y tiene el poder de conmover aún hoy; demuestra además por qué este compositor era tan profundamente apreciado por contemporáneos como J. S. Bach. Lo más llamativo de las obras instrumentales de Zelenka es lo que se puede definir como una especie de agilidad textual.
A ello se suma un sentido muy personal del color instrumental, al que se añade un sentido de la forma que admite un material muy diverso. Esto da lugar a veces a sonoridades austeras y a yuxtaposiciones instrumentales que, una vez más, son a la vez excepcionalmente individuales y llenas de carácter. El compositor consigue así reflejar las influencias contemporáneas y, al mismo tiempo, mostrar un cautivador espíritu de aventura.
Enseguida el clavecinista y organista Florian Birsak entregó con gracia el Minueto en sol mayor (BWV, apéndice 114) de Christian y el Minueto en sol menor (BWV, ap. 115) que lo acompaña, piezas muy conocidas del repertorio barroco para teclado. Estas se hicieron famosas sobre todo gracias al Cuaderno de partituras de Anna Magdalena Bach (Leipzig desde 1725), la segunda esposa de J. S. Bach, en el que figuraban de forma anónima, motivo por el cual se atribuyeron erróneamente a este durante siglos. No fue hasta 1979 cuando el musicólogo Hans-Joachim Schulze identificó a Petzold como el verdadero compositor.
Los dos minuetos de estilo dinámico a menudo caracterizado por saltos de negras, cadenas fluidas de corcheas y fraseo imitativo entre las manos, fueron concebidos como un par complementario que se interpreta siguiendo una forma da capo (Sol mayor → sol menor → Sol mayor); Petzold los escribió como parte de una suite para clavecín más amplia.
Ambas danzas hacen hincapié en el primer tiempo noble, típico del minueto; el en sol mayor, las frases cantables contrastan con los saltos rítmicos; el en sol menor exige una independencia precisa de las manos, en la que la mano derecha suele tocarse legato, mientras que el bajo avanza en non legato.
Esta tarde ambos minuetos dieron paso aquí al Cuarteto en sol mayor TWV 43:G6 para flauta dulce, oboe, violín y bajo continuo de Georg Philipp Telemann, una obra fascinante en tres movimientos (Vivace – Grave – Allegro), breve, extraordinariamente densa, llena de colorido y gran impacto, situada en la encrucijada entre la música de cámara íntima y el principio concertante.
Una transcripción histórica de Johann Joachim Quantz (1718-1724) demuestra que se trata de una de las primeras obras maestras de Telemann, que inundó en esta velada el estudio auditorio Bismarck de la WDR con un diluvio pleno de energía, alegría, ingenio y vitalidad.
El primer movimiento irradia una fuerza vivaz, casi nerviosa. Telemann recurre aquí a un ingenioso juego de interacciones: el violín actúa como solista, como en un miniconcierto para este instrumento, mientras que las dos maderas (flauta y oboe) responden en su mayor parte como un dúo muy compacto, a modo de minitutti. El lento central constituye un remanso de paz elegíaco y melancólico.
Las partes se imitan artísticamente en un discurso emocionalmente denso, pero siempre elegante. El cautivador final recupera colores brillantes y chispeantes. Telemann demuestra aquí su enorme sensibilidad por los timbres instrumentales. El movimiento sigue una forma en dos partes, en la que el material temático se invierte ingeniosamente en la segunda mitad.
La obra se considera un ejemplo paradigmático del ideal de Telemann de la Conversation galante et amusante. La música se percibe como una conversación desenfadada e ingeniosa entre amigos. Aunque la flauta y el oboe rara vez siguen caminos completamente independientes, se funden en atractivas mezclas sonoras que armonizan a la perfección con el ágil violín y el bajo continuo, que aporta el sustento rítmico.
Como fruto de esa interacción, Dorothee Oberlinger y sus músicos consiguieron exquisitos timbres, en un equilibrio inteligente entre la erudición barroca (imitaciones en el Grave) y una ligereza llena de entusiasmo.
Al promediar el programa, esta obra precedió a la Sonata VI en la menor para flauta dulce y bajo continuo (del ciclo de 12 Sonatas para violín o flauta solistas y bajo, Venecia 1716 mencionado más arriba) de Francesco Maria Veracini que destaca por su estilo que combina el virtuosismo italiano lleno de contrastes con una cantabilidad expresiva.
El ciclo se compuso durante la fructífera etapa, antes mencionada, en la que Veracini impresionaba al príncipe elector sajón Federico Augusto en Venecia.
La composición culmina en una encantadora pastoral y una animada giga con atractivos efectos de eco. La interpretación del Ensemble 1700 y su directora y solista puso de relieve la versatilidad con la que funciona esta Sonata, un punto álgido de la serie debido a sus contrastes pintorescos entre la lírica pastoral y la giga, danzante y juguetona.
El Preludio de la Sonata en la menor para violín solo de Johann Georg Pisendel es una de las obras cumbre absolutas del repertorio solista del barroco tardío y, en su versión para flauta dulce sola, despliega una dinámica propia y fascinante.
Si bien la obra se considera históricamente una inspiración directa para las obras solistas de J. S. Bach, su adaptación a un instrumento de viento plantea interesantes contrastes estéticos tanto para el intérprete como para el oyente.
Es una verdadera fortuna para el público haber podido presenciar esta tarde la grandiosa interpretación de Dorothee Oberlinger con su magistral articulación. El Preludio, que se nutre de una cadena casi ininterrumpida de semicorcheas, se caracteriza por una densa síntesis entre el virtuosismo italiano (marcado por los estudios de Pisendel con Antonio Vivaldi) y el pensamiento contrapuntístico alemán.
La destacada solista genera con su flauta dulce contralto en sol menor una exquisita polifonía mediante arpegios virtuosos y sugerencias lineales (cambios rápidos entre notas graves de bajo y líneas melódicas agudas) en un flujo sonoro extraordinariamente denso y trepidante.
Oberlinger y su Ensemble 1700 concluyeron este concierto con el Concerto en re menor de Antonio Vivaldi, un pasticcio según las Saisons Amusantes (París, 1739) de Nicolas Chédeville, para flauta dulce, cuerdas y bajo continuo, un documento fascinante del mercado musical parisino del siglo XVIII y de la moda pastoral que imperaba en aquella época.
El compositor y oboísta francés Nicolas aprovechó la enorme popularidad de las obras de Antonio Vivaldi y compiló en aquel año este pasticcio bajo el citado título, publicándolo descaradamente bajo el nombre del prete rosso; se trata a todas luces de una recomposición sumamente creativa. Tomó los conciertos originales de Vivaldi (sobre todo el op 8, Il cimento dell’armonia e dell’inventione), los descompuso en sus elementos temáticos individuales, los transpuso y los entretejió de nuevo al típico estilo galante francés.
El Concierto en re menor que tocan aquí el Ensemble 1700 con Dorothee Oberlinger se basa principalmente en motivos de El invierno (L’Inverno), así como en elementos de otros conciertos del op 8 (como el nº 7 y el nº 9); sin embargo, gracias a la suavización rítmica y a la ornamentación francesa, respira un aire completamente diferente al del original italiano.
Compuesto originalmente para los instrumentos típicos de la moda de la nobleza francesa —la zanfona (Vielle à roue) o la gaita de corte (Musette de cour)— el concierto despliega, en la interpretación moderna para flauta dulce contralto, cuerdas y bajo continuo, un carácter propio y encantador.
En el Allegro inicial (Concerto en re menor per Pisendel op 8,7 RV 242) Chédeville plasma hábilmente la apasionante introducción en re menor del original de Vivaldi en un estilo francés más fluido. Para la flauta dulce, este movimiento supone una auténtica proeza virtuosa: los rápidos cambios de articulación (doble lengua) y las figuraciones de amplio alcance exigen una agilidad inmensa.
El Largo/Adagio siguiente es el corazón de este concierto. Mientras que Vivaldi pone música en El invierno a la lluvia que repiquetea frente a la cálida chimenea, Chédeville crea un ambiente profundamente pastoral y elegíaco. La flauta dulce destaca aquí sobre todo por el arte de los agréments (adornos franceses como trinos, mordentes y apoyaturas), que confieren al movimiento una noble melancolía.
El Allegro final, danzante, combina el ímpetu del barroco italiano con la ligereza de un rondeau francés. La flauta dulce, que posee una dinámica y una variedad de articulación mucho más sutil (que la zanfona, por ejemplo) interactúa en un vertiginoso juego con las cuerdas, y los pasajes líricos del movimiento central ganan en profundidad emocional gracias al cálido sonido de la madera.
Esta versión del Concierto en re menor de las Saisons Amusantes de Chédeville supone una auténtica ganancia para el repertorio barroco; escapa al desgaste interpretativo de Las cuatro estaciones originales y ofrece al solista lo mejor de dos mundos: el fuego italiano y la concisión melódica de Vivaldi, combinados con el refinamiento y el elegante encanto del barroco francés. Todo un descubrimiento apasionante y de gran virtuosismo tanto para los músicos como para el público.
Las selectas joyas del Schrank nº II aquí presentadas ennoblecieron esta magnífica velada. La sobresaliente interpretación solista resultó de la expresiva técnica respiratoria y digitativa de Dorothee Oberlinger. La interacción del Ensemble 1700 denotó un equilibrio perfecto entre el continuo, las cuerdas y la solista.
Per Dresda fue una cita ineludible para los amantes de la música de cámara barroca y la interpretación histórica. El conjunto consiguió traducir la meticulosidad musicológica del hallazgo archivístico en pura y contagiosa alegría de vivir y en todo el esplendor barroco.
Por último un consejo para los oyentes de radio:
Este concierto grabado en la WDR Funkhaus se emitirá el miércoles 28 de octubre de 2026 a las 20:03 horas (del centro de Europa) en el programa ARD-Konzert de WDR 3 y otras emisoras de esta misma Primera cadena de la radio y televisión de Alemania.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios