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Mozart Horn Concertos, Ben Goldscheider, Münchner Kammerorchester

Juan Carlos Tellechea
Mozart Horn Concertos, Ben Goldscheider, Münchner Kammerorchester
CD Mozart Horn Concertos, Ben Goldscheider, Münchner Kammerorchester (label PENTATONE Music). Ben Goldscheider, horn. Münchner Kammerorchester. Susanne von Gutzeit, concertmaster. Cadenzas and Eingänge by Andreas Staier. Wolfgang Amadeus Mozart, Horn Concerto No. 4 in E-Flat Major, K. 495. Horn Concerto No. 3 in E-Flat Major, K. 447. Horn Concerto No. 2 in E-Flat Major, K. 417. Horn Concerto No. 1 in D Major, K. 386B (K. 412 & 514). Total playing time: 53:09. This album was recorded between 14 and 17 December, 2025 at Bavaria Musikstudios in Munich, Germany. Recording producer Everett Porter (Polyhymnia). With kind support from Dilla and Donald Manasse. P 2026 Ben Goldscheider under exclusive license to PENTATONE Music B.V. C 2026 PENTATONE Music B.V.
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Con este precioso álbum, el trompista Ben Goldscheider y la célebre Münchner Kammerorchester, con la primera violinista Susanne von Gutzeit (sello PENTATONE Music, de Baarn, Utrecht, Países Bajos), rinden homenaje a Wolfgang Amadè Mozart en el 270º aniversario de su nacimiento con cuatro conciertos para trompa. Se publica en formato físico en CD estándar y en formato digital en todas las plataformas a partir del 2 de octubre.

Goldscheider se ha consolidado como uno de los principales solistas de este instrumento en Gran Bretaña, desde que actuó en la final del concurso BBC Young Musician of the Year en 2016; ofrece recitales en las principales salas de concierto de Europa, entre ellas el Concertgebouw de Amsterdam, el Musikverein de Viena, la Pierre Boulez Saal de Berlín, la Elbphilharmonie de Hamburgo, Die Glocke de Bremen, la Philharmonie de Colonia y la Wigmore Hall.

Mozart y los vientos

Las composiciones de Mozart para instrumentos de viento siempre estaban destinadas a personas concretas. Mozart mantenía una relación especialmente estrecha con dos de ellas: el clarinetista Anton Stadler y el trompista Joseph Leutgeb (o Leitgeb), a quien conocía desde su infancia; era amigo de su padre, Leopold Mozart.

Leutgeb era trompista en la capilla del príncipe Esterházy en 1763. Ese mismo año, fue a Salzburgo y se convirtió en miembro de la capilla del príncipe-arzobispo Hyeronimus von Colloredo; en 1773, regresó a Viena. Contrariamente a una idea errónea muy extendida, Leutgeb nunca estuvo involucrado en algún presunto comercio de quesos de su padre.

La vida de Leutgeb

Su suegro, el italiano Biagio Plazeriano (m. 1763), regentaba una tienda de embutidos y quesos en Altlerchenfeld (hoy un distrito del oeste de Viena), que fue administrada brevemente por su viuda Catharina a partir de 1763.

Para cuando Leutgeb compró una casa en Altlerchenfeld en 1777, que también generaba ingresos por alquiler, el comercio de quesos ya había cesado hacía tiempo. En 1783, asumió un puesto permanente como trompista con Antal Grassalkovich II, noble húngaro, funcionario de la corte e importante mecenas cultural, a quien el emperador José II elevó al rango de príncipe de Bohemia en 1784.

Harto de los ruegos

A Mozart no le gustaba mucho la trompa que, hay que reconocerlo, era un poco rudimentaria en su época, pero pese a ello compuso cuatro conciertos para este instrumento. La relación con Leutgeb era muy informal y, pese a su considerable edad, prácticamente actuaba como el bufón de la corte de los Mozart.

Este buen amigo, quien amaba la música de Mozart por encima de todo, le rogaba constantemente que le compusiera un concierto para trompa. Harto de tanta insistencia, Mozart finalmente cedió, un poco a regañadientes, mas estipulando que Leutgeb debía arrodillarse detrás de la estufa (no estaba encendida) mientras él componía. Leutgeb, literalmente, se arrastró detrás de la estufa y esperó pacientemente de rodillas mientras Mozart escribía. Así nació el Concierto para trompa nº 2 en mi bemol mayor, K 417, al que Mozart añadió la siguiente anotación:

Compadeciendo a Leitgeb, burro, buey y necio, en Viena, 27 de mayo de 1783.

La expresividad vocal, esa expresión natural inspirada en la voz humana, es lo que Mozart exige al intérprete en muchos de sus conciertos solistas. Y lo mismo ocurre en sus conciertos para trompa En este Concierto para trompa y orquesta K 417, Mozart incluso deja entrever en el primer movimiento una melodía que más tarde desarrollaría en una aria de su ópera Las bodas de Figaro.

El Tercero y el Cuarto

Leutgeb también fue el destinatario de los otros conciertos para trompa, el nº 3 K 447 y el nº 4 K 495, ambos también en mi bemol mayor, así como del quinteto para trompa K 407, y en ellos se pueden encontrar rastros de ese humor mozartiano, a menudo pícaro.

El Concierto para trompa nº 3 K 447 no es el más famoso de Mozart, ese honor le corresponde al cuarto, pero para Goldscheider es el más musical:

Tiene un carácter muy operístico: el final del tercer movimiento es como en esas óperas de Mozart en las que todos los personajes salen al escenario, deseando hacerse oír. Sin embargo, el resto de la obra es más comedido e íntimo. Mozart da lo mejor de sí mismo cuando compone melodías sencillas con giros armónicos increíbles, y esta pieza cuenta con muchos de esos momentos mágicos.

Hechos a medida

Sin embargo, también queda claro que Mozart compuso obras de gran virtuosismo que llevaban al límite las capacidades del instrumento, obras que Leutgeb evidentemente sabía interpretar. En los fragmentos que se conservan del Concierto nº 4 K 495, las notas están escritas en tinta azul, roja, verde y negra; el humor, sin embargo, tenía un propósito, ya que Mozart lo utilizaba para indicar matices muy sutiles en la gradación dinámica.

En el movimiento del Concierto en re mayor KV 514, la parte del solista está continuamente acompañada por comentarios humorísticos de Mozart:

Adagio – a lei Signor Asino, Animo – presto – su via – da bravo – Corraggio – bestia – o che stonatura – Ahi! – ohime – bravo povretto – y al final: ¡grazia al Ciel! basta, basta!

Aquí, a pesar de la ligereza, Mozart revela su conciencia de la edad de Leutgeb y las consiguientes limitaciones en su capacidad interpretativa. Por ello, evita las notas muy agudas en esta composición, escrita en 1791.

La impronta de los grandes

Limitado por este instrumento con limitaciones, y también por su falta de empatía hacia el destinatario, Mozart creyó que había hecho estos cuatro conciertos a toda prisa. Pero, y ahí radica el genio de Mozart, incluso cuando no se esfuerza demasiado y compone sin tomárselo en serio, el resultado sigue siendo maravillosamente bello.

Ben Goldscheider es un instrumentista extraordinario que interpreta estos conciertos, con toda el alma que Mozart les infundió, sobre todo en el K. 447, así como con la alegría, la profundidad y el humor, como en el K. 495. Estos cuatro conciertos para trompa, que a los ojos de Mozart debieron de parecerle simples diversiones sin importancia, son un testimonio de lo que un genio como él era capaz de lograr, casi como si fuera un juego. Esa es la impronta que dejan los grandes en la historia.

Ben Goldscheider escribe en el folleto que acompaña al álbum que:

Como trompista, los conciertos para trompa de Mozart te acompañan a lo largo de toda tu vida, desde el momento en que coges el instrumento por primera vez. Son el referente por excelencia del repertorio y, en muchos sentidos, han marcado en gran medida la música compuesta para este instrumento desde entonces.

Grabación

Leitgeb figura como Joseph Leutgeb en la lista de miembros de la Tonkünstler-Societät, la sociedad de conciertos más antigua de Viena, fundada en 1771, pero él mismo firmó su testamento, redactado en 1801, como ''Leitgeb''. En el siglo XVIII no existía aún una ortografía definitiva de los nombres propios.

Su segundo nombre, Ignaz, citado con frecuencia, se basa en un error del historiador Carl Ferdinand Pohl. Además, no debe confundírsele con el administrador temporal de Mozart, Anton Leutgeb, quien ayudó a la viuda de Mozart, entre otras cosas, con la gestión de su patrimonio.

La grabación, realizada por el ingeniero de sonido Everett Porter (Polyhymnia) en los Bavaria Musikstudios de Múnich, es espontánea e íntima, en consonancia con el espíritu de estas piezas; ofrece una amplia perspectiva de las cuerdas, que ocupan todo el espectro, mientras que las maderas, situadas en el centro, están bien integradas en el conjunto, sin un distanciamiento excesivo. Todo ello en un ambiente de indudable inmediatez

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