El compositor, pianista, ingeniero de sonido y productor musical Arnold Kasar, quien reside y trabaja en Berlín, dedica este álbum, Goodbye Ghosts, (sello Neue Meister / Edel Music, de Hamburgo), con obras de su propia autoría, a un ser querido que ha caído enfermo, consciente de los efectos terapéuticos que tiene la música sobre los pacientes con dolencias complicadas.
Para ello, se ha inspirado en el método musicoterapéutico denominado Imágenes guiadas (Guided Imagery), consistente en evocar representaciones íntimas que pueden ayudar a liberarse de pensamientos agobiantes y miedos, como él mismo explica en el folleto que acompaña al disco. Así surgieron estas 12 miniaturas para piano durante el tranquilo período de transición que reinaba entre el invierno y la primavera de 2025.
El compositor y músico preparó su piano de concierto con fieltro, renunciando deliberadamente al brillo y a la sonoridad de un escenario. Por eso, el sonido llega al oyente sin grandes resonancias, como si este se encontrara en el mismo recinto y a un paso del instrumento.
El año (y la colección de hierbas silvestres que se muestra en el referido folleto) comienza aquí con la sensible pieza que da título al álbum, Goodbye Ghosts, y hace referencia al Hypericum Perforatum (corazoncillo o hierba de San Juan) que tradicionalmente ayuda a combatir el mal humor. En febrero le sigue la malva común, con cuyas flores se tiñe una infusión de suave azul violáceo, muy buena contra la tos.
Esta intimidad impregna toda la grabación. Kasar toca de forma sobria y sin gestos ostentosos. Las notas individuales tienen su tiempo, las armonías pueden resonar y las ideas melódicas no tienen por qué conducir necesariamente a un objetivo. La música narra sin imponer una historia.
Marzo llega con Peace of Mind, del género Solidago, popularmente denominado la vara de oro, que se utiliza para tratar afecciones renales y vesicales. En abril, Stardust está representado por la manzanilla, una de las plantas medicinales más conocidas, cuyos vahos le gusta inhalar a Kasar.
Mayo está dominado por el girasol y la melodía Sunflowers. En junio, Roses se convierte en una conmovedora evocación de la infancia en la pintoresca Bad Säckingen (en la frontera del suroeste de Alemania con Suiza), donde nació el pianista en 1972 y proliferan los rosales, así como el escaramujo.
El efecto especial de este álbum radica en que resuena suavemente en la habitación donde se lo escucha y acompaña la vida cotidiana. Pero también es posible entregarse por completo a esta música, seguir los pequeños cambios y perderse en su serenidad. Ambas cosas son posibles porque Kasar no impone nada al oyente.
En julio llega el verano con las flores del tilo y Up and Down the Hills, en el que la dinámica entre el electro-jazz, la composición y el sonido del piano cambia de forma sugerente. En agosto aparece Pines con la melisa, otro tranquilizante natural. Waltz For Ella rinde homenaje a septiembre con la salvia.
La terapia no promete ni una milagrosa sanación ni una respuesta más o menos inmediata al mal que sufre el enfermo, pero sí que este se tome un momento en su agitada vida para hacer un alto ante tanto estrés.
La lavanda, que ayuda a conciliar el sueño, ocupa el centro de atención en octubre con Bread and Butter. Noviembre hace brillar las hojas de la vid con Watch the Cat. En diciembre le sigue el viscum con Turnaround. En síntesis, el fascinado escucha está aquí ante una música muy contemplativa y conmovedora que le llega sin caer en un esoterismo exagerado.
Cada una de las doce piezas para piano, va acompañada de una hierba (del propio jardín del compositor) en su evolución natural a lo largo de los doce meses del año. Las miniaturas fueron grabadas por el mismo Kasar en su sala privada de música con una imagen sonora de extrema inmediatez, un poco apagada, no exenta de sequedad; todo lo contrario a la amplitud y la espacialidad de las grabaciones habituales de estudio o en directo.
La escala entre una y otra técnica de emisión y de captación de sonido es tan diferente que una comparación resulta ociosa. Mas, una vez superada la sorpresa de las primeras piezas, la escucha se vuelve mucho más familiar y cautivante.
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