El libreto de El carnaval en Roma es una rocambolesca comedia de enredo, basada en Piccolino, una pieza teatral de Victorien Sardou, un dramaturgo de inmenso éxito en su época y cuyos dramas Fedora y La Tosca, escritos para Sarah Bernhardt, dieron lugar a las óperas homónimas de Giordano y Puccini. En su estreno El carnaval en Roma fue acogida con entusiasmo, pese a su abstruso libreto, que quedó eclipsado por la música de Strauss y por una puesta en escena fastuosa.
La partitura tiene la alta calidad musical propia de las obras de Strauss, pero además resulta especialmente interesante por ser atípica, tanto en lo que se refiere a las formas de expresión de su compositor como en general de la opereta vienesa. En esta pieza el característico estilo straussiano aún no se ha consolidado, es la obra de un compositor que está todavía buscando su propio lenguaje teatral. La obertura podría ser de Offenbach, igual que otros pasajes. Algunos incluso parecen un anticipo de Los cuentos de Hoffmann, mientras que en el etéreo motivo inicial del dúo Von jenem Damen, también presente en la obertura, se tiene casi la impresión de estar oyendo una reminiscencia de Giselle de Adam.
La parte de Marie, en teoría la protagonista femenina, tiene un carácter lírico y por momentos casi una seriedad poco habituales en la opereta vienesa de la época (habrá que esperar al Léhar de la década de 1920 para hallar algo parecido), por lo que musicalmente El carnaval en Roma es también, en alguna medida, una opereta deudora de la spieloper. Salvo el personaje de Robert Hesse, encomendado a un barítono, el reparto está formado únicamente por sopranos y tenores.
La Orquesta de la Radio de Múnich así como el Coro de la Radio de Baviera, preparado por Stellario Fagone, muestran una natural congenialidad con la música de Strauss, que surge con toda naturalidad y acierto estilístico. Patrick Hahn es sin ninguna duda un excelente y entusiasta conocedor del género, lo que contribuye decididamente a la feliz configuración musical de la velada, en una versión de gran empuje rítmico y logrado flujo melódico. Sólo se echa de menos en algunos pasajes una mayor transparencia de los planos tímbricos y unos tutti fortissimi menos estrepitosos.
La heroína de la historia es Marie, interpretada por Miriam Kutrowatz, si bien los personajes de Arthur Brick y de la Condesa y el Conde Falconi son de tal extensión y complejidad técnica que en realidad debería hablarse de cuatro coprotagonistas en igualdad de condiciones. Miriam Kutrowatz es una muy buena soprano lírica (¡muy lírica!) de voz aterciopelada y brillantes agudos, pero con un centro de limitado volumen y relativamente débil proyección. Su interpretación es refinada y muy grata, sobre todo en los pasajes más líricos.
Mario Lerchenberger (Arthur Brick) es un tenor también lírico, pero con una voz poderosa y de gran proyección, dúctil y no carente de versatilidad. Su dominio estilístico y su adecuación al género de la opereta son indiscutibles, por lo que su interpretación resulta muy satisfactoria. Cornel Frey (Conde Falconi) es un tenor de repertorio extraordinariamente variado, que va de Tamino (La flauta mágica) y Almaviva (El barbero de Sevilla) hasta Mime (Siegfried) y Pong (Turandot) y que también en la opereta se mueve como pez en el agua. Su Falconi es enérgico, cómico, muy expresivo y musicalmente convincente, tanto por su competencia técnica, como por su potencia sonora.
Ahora bien, quien domina toda la función (cosa nada fácil en un reparto como éste) es Lauren Urquhart, una muy joven soprano ligera cuya voz e interpretación son realmente singulares. El timbre de su voz es argénteo y sus agudos cristalinos. A lo largo de todo su amplio registro exhibe un impecable dominio de los reguladores, una excelente proyección y en general una técnica muy sólida, que se pone especialmente de manifiesto en las coloraturas y en la superación de las enormes dificultades que presenta su parte. Estilísticamente es una cantante de opereta simplemente ideal. Como actriz (la versión es concertante, pero con un cierto grado de actuación) es igualmente excelente, ya que con gran economía de medios logra, por medio de una mímica muy precisa y natural, configurar un personaje a la vez seductor y cómico. En resumen, su interpretación es esplendorosa.
Peter Sonn aborda con éxito y saber hacer el ambicioso y reativamente extenso papel de Benvenuto Rafaeli, al igual que Johannes Kammler la más breve parte de Robert Hesse. Incluso las partes más diminutas de Therese, Toni y Franz, encomendadas a los miembros del coro Flore Van Meersche, Bernhard Schneider y Andreas Hirtreiter respectivamente, son interpretadas con impecable eficacia.
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