Alemania

Die Meistersinger como distopía

Juan Carlos Tellechea
Die Meistersinger, dirección de Daniel Kramer
Die Meistersinger, dirección de Daniel Kramer © 2026 by Sandra Then
Düsseldorf, sábado, 17 de octubre de 2026.
Gran sala de la Ópera de Düsseldorf. Deutsche Oper am Rhein. Die Meistersinger von Nürnberg (Los Maestros Cantores de Núremberg), ópera en tres actos con música y libreto en alemán de Richard Wagner, estrenada en el Königliches Hof- und National-Theater en Múnich, el 21 de junio de 1868. Régie, Daniel Kramer. Asistencia concepcional, Stephan Müller. Escenografía, Elizabeth Clachan. Vestuario, Heide Kastler. Vídeo, Chris Kondek. Iluminación, Elana Siberski. Dramaturgia, Julian Schunke. Reparto: Los maestros: Hans Sachs (Martin Gantner), Veit Pogner (Hans-Peter König), Kunz Vogelgesang (Andrés Sulbarán), Konrad Nachtigall (Jake Muffett), Sixtus Beckmesser (Christoph Pohl), Fritz Kothner (Bogdan Baciu), Balthasar Zorn (Tae-Hwan Yun), Ulrich Eißlinger (Florian Simson), Augustin Moser (Henry Ross), Hermann Ortel (Rolf A. Scheider), Hans Schwarz (Valentin Ruckebier), Hans Foltz (Torben Jürgens); Walther von Stolzing (Daniel Frank), David (David Fischer), Eva (Anke Krabbe), Magdalena (Anna Harvey); Aprendices: Chorong Kim, Julia Ziehme, Anna Baran, Anna Neufeld, Sookwang Cho, Bohyeon Mun, Zheng Xu, Dong Hoon Kim, Alcides Bravo, Ingmar Klusmann, Cezar Adrian Dima, Mamuka Manjgaladze; Sereno (Beniamin Pop), Juan (Tim Valerian Alberti), la niña Bella (Alexandra Maria Goetz), Operadora de vídeo en directo (Chantal Bergemann); Trompetas (David A. Troyano, Evyatar Zidon, Jeronim Cikojevic, Juan Mico Dura, Angel L. Nunez, Samuel Schimming), Tambor (Jonathan Hofmann), el arpa de Beckmesser (Fabiana Trani). Coro de la Deutsche Oper am Rhein, Coro extra de la Deutsche Oper am Rhein, preparados por Albert Horne. Extras de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director Christoph Gedschold. 100% del aforo.
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A Daniel Kramer le encanta eso de explorar historias y relacionarlas con una actualidad muy viva o con distopías que hacen reflexionar y provocan alboroto, como el de esta tarde en la Ópera de Düsseldorf, tras el ovacionado estreno de una nueva y suntuosa producción, muy creativa, de Los maestros cantores de Núremberg, de Richard Wagner.

Kramer deconstruyó la pieza ante los ojos de algunos airados (y oxidados) wagnerianos tradicionalistas que abuchearon su puesta en escena, pero satisfizo en grande a un público que prefiere una interpretación menos romántica, más radical y contemporánea de esta comedia, única entre las óperas de madurez del revolucionario compositor.

Distopía

Desde el punto de vista musical y vocal la representación fue sumamente emocionante y generó a todas luces la tensión que necesitan Los maestros cantores de Wagner en la actualidad, con genial escenografía de Elizabeth Clachan y no menos excelente vestuario de Heide Kastler.

En el foso, Christoph Gedschold dirigió de forma magistral a la orquesta Düsseldorfer Symphoniker. El colectivo interpretó la imponente partitura con fluidez, riqueza de matices y sin pompa, manteniendo a la perfección el equilibrio entre los pasajes más íntimos y las escenas corales monumentales. La excelencia musical de esta producción garantizó sobremanera la relevancia de la obra.

A veces, el espectáculo que sigue a la ópera resulta más fascinante que la propia escenificación; el de esta velada fue un claro ejemplo. Tras ambientar a los dos primeros actos en un entorno realista y muy actual, el tercero tiene lugar en 2035, cuando la OTAN, la Unión Europea y Alemania han salido triunfantes de la guerra que la Rusia del autócrata Vladimir Putin, sin mencionarlo explícitamente, tiene planeado desatar contra la Alianza Atlántica antes de finales del presente decenio.

La Mannschaft

El primer acto, impulsado por una interacción siempre fenomenal del conjunto y la interpretación de la orquesta Düsseldorfer Symphoniker, bajo la égida del maestro Christoph Gedschold fue muy aplaudido. Esta parte toma mucho del encanto de su leal representación de la Núremberg de la época y las tradiciones de la cofradía de los Maestros cantores.

El joven caballero Walther von Stolzing (Daniel Frank) -que no es otro que el mismísimo Richard Wagner-  ama a Eva (Anke Krabbe) -indudablemente Cósima von Bülow- quien solo puede casarse con el ganador de un concurso de Maestros cantores. Los Maestros cantores habían desarrollado un enfoque artesano hacia la música, con un intrincado sistema de reglas para la composición e interpretación de canciones.

A través de imágenes de vídeo mostradas en pantallas de televisión, la competencia es comparada con una Meister League futbolística, en la que Richard Wagner, resulta ganador, Johannes Brahms figura en décimo lugar, Ludwig van Beethoven en el cuarto puesto, y el matrimonio de Robert y Clara Schumann, en el séptimo.

Pero con el número dos aparece Giacomo Meyerbeer, el rival artístico de Wagner, contra el que este dirigió el panfleto difamatorio El judaísmo en la música; todos luciendo la camiseta albinegra de la Mannschaft. No figuran ni Joseph Haydn ni Wolfgang Amadé Mozart ni Anton Bruckner, tres grandes compositores austríacos.

Con muchas pequeñas ideas de este tipo al margen (incluidas las masivas llegadas de refugiados por conflictos bélicos o por el cambio climático) la dirección, que presta muchísima atención a los detalles, crea un amplio espacio para las asociaciones.

El Wagner antisemita

Anke Krabbe como Eve y Martin Gantner como Hans Sachs en Die Meistersinger von Nürnberg, dirección de Daniel Kramer. © 2026 by Sandra Then.Anke Krabbe como Eve y Martin Gantner como Hans Sachs en Die Meistersinger von Nürnberg, dirección de Daniel Kramer. © 2026 by Sandra Then.

En contra de los pronósticos y a pesar de las intromisiones del cronista de la ciudad, Sixtus Beckmesser (Christoph Pohl) -portavoz encargado de todas las difamaciones de Wagner- Walther acaba ganando el concurso gracias a la ayuda del más famoso de los cofrades de la guilda real de los Maestros cantores, Hans Sachs  (Martin Gantner), poeta y zapatero de profesión (figura histórica que vivió entre 1494 y 1576).

Sin embargo, al ver la efigie del bíblico rey David en la medalla que le iba a entregar Sachs, Walther von Stolzing renuncia al título y abandona el escenario junto a Eva. El director Daniel Kramer pone en escena la ópera de Wagner como un retrato muy vívido de una sociedad cuyo orden está cargado de ideología y resulta peligroso; aquí, las normas se convierten en armas, la tradición en exclusión y la comunidad en aislamiento.

Carga histórica

La ingeniosa idea de ambientar el segundo acto en el siglo XXI en el vestíbulo de una estación ferroviaria de las cercanías de Núremberg, donde el maestro Sachs tiene un taller de reparación de calzado y un servicio de cerrajería, y enfrente, su cofrade de la guilda real de Meistersinger,Veit Pogner (Hans-Peter König), una institución bancaria, provocó algunas risas.

En el recinto se ven además pantallas publicitarias con arribos y salidas de trenes, otros varios comercios, una farmacia, una casa de atuendos de novia, una agencia de filmaciones de vídeo, y hasta un espacio de juegos mecánicos con un pequeño avión para que lo tripulen los niños. Uno de los anuncios invita a los jóvenes a integrar las filas del Ejército Federal de Alemania (Bundeswehr); el actual reclutamiento es, por ahora, voluntario.

Primeros planos

David Fischer como David y Hanna Harvey como Magdalena, con el Coro y figurantes de la Deutsche Oper am Rhein Die Meistersinger von Nürnberg, dirección de Daniel Kramer. © 2026 by Sandra Then.David Fischer como David y Hanna Harvey como Magdalena, con el Coro y figurantes de la Deutsche Oper am Rhein Die Meistersinger von Nürnberg, dirección de Daniel Kramer. © 2026 by Sandra Then.

Pero el tercer acto de esta gigantesca ópera, el que desató los más estentóreos abucheos de una parte del público, tiene una fuerte carga histórica relacionada con la amenazante actualidad, como describiéramos más arriba, y con la apropiación que hiciera el régimen antisemita, racista y genocida de Adolf Hitler (1933-1945) de la obra de Wagner.

Esta, la del final, termina siendo una acertada deconstrucción. Es admirable la coherencia con la que Kramer rompe el clímax del último acto, que a menudo suele ser instrumentalizado con fines nacionalistas (como en la nefasta era nazi que desató la Segunda Guerra Mundial). El hecho de que Walther von Stolzing y Eva rechacen por completo el sistema reaccionario y burocrático y huyan es un gesto fuerte y humanista, acorde con la gravedad del tema.

Los Maestros cantores lucen ahora uniformes militares, Sachs es un teniente general y Pogner un general en jefe. Después de su monólogo final, Sachs muere y yace sobre el podio desde el que von von Stolzing cantara a Eva. Chantal Bergemann, como operadora de vídeo en directo, proyecta una y otra vez primeros planos del escenario en la pantalla de vídeo del fondo.

Advertencia

En medio de este clima fúnebre, el coro entona marcialmente Heil Sachs! Nürnbergs teurem Sachs! (¡Viva Sachs! ¡El caro Sachs de Núremberg!), antes de que algunos soldados intenten derribar las banderas de la OTAN, la Unión Europea y Alemania; es esta una advertencia impactante de Daniel Kramer ante las amenazas que se ciernen sobre la democracia, el estado de derecho y la Constitución, que él mismo percibe hoy en día también como ciudadano estadounidense en su propio país, bajo la administración del presidente y delincuente convicto Donald Trump.

Por tercera vez Kramer causa (una sana y constructiva) polémica en la Deutsche Oper am Rhein, después de su debut con La ciudad muerta, de Erich Wolfgang Korngold, en la temporada 2022/23, y Prima la Mamma, de Gaetano Donizetti, en 2024/25.

La interpretación del personaje de Hans Sachs por Martin Gantner fue profunda desde el punto de vista histriónico y admirablemente matizada en lo vocal, al dominar con maestría el equilibrio entre el humor sereno y la profunda melancolía. Destacó asimismo el Kammersänger Hans-Peter König como un Pogner de voz potente y bello timbre.

Plena forma

Christoph Pohl como Beckmesser con el Coro y figurantes de la Deutsche Oper am Rhein. © 2026 by Sandra Then.Christoph Pohl como Beckmesser con el Coro y figurantes de la Deutsche Oper am Rhein. © 2026 by Sandra Then.

También Christoph Pohl encarnó a un Beckmesser (guitarrón de mariachi en mano, cantándole una serenata a la novia en la vitrina de la tienda) de gran precisión declamatoria. La Magdalena de Anna Harvey fue mucho más que sólida. Daniel Frank con su Walther von Stolzing de bigote y larga melena oscura y ondulada, destacó con un registro de tenor seguro en los agudos y penetrante.

Anke Krabbe fue una Eva que cantó con una sobriedad casi de Lied, cayendo a veces en un tono propio del Singspiel, pero con el énfasis lírico y la intensidad adecuados en los momentos decisivos. David Fischer impresiona como el aprendiz David con una interpretación matizada del texto y un tenor ágil.

En realidad, el maestro Axel Kober, director titular durante muchos años de la Deutsche Oper am Rhein, debería haber dirigido este estreno; sin embargo, por motivos personales, tuvo que ceder las dos primeras representaciones. El maestro Christoph Gedschold, un director con amplia experiencia en Wagner, se situó al frente de la Sinfónica de Düsseldorf, que se mostró esta tarde en plena forma.

Cuidadosa modulación

El preludio, abordado a un tempo bastante rápido, sonaba aún un poco genérico, mientras las siluetas oscuras de los figurantes y miembros de los coros caminaban hacia atrás ante una histórica imagen proyectada sobre la pantalla de fondo del escenario de la montaña pedregosa del norte (Norenberc, en germánico antiguo), que dio nombre al castillo que mandó construir Enrique III, apodado el Negro, y a la ciudad de Núremberg, situada a sus pies.

Mas a lo largo de la representación la interpretación musical fue ganando cada vez más en matices y en transparencia sonora. La puesta en escena recogió una y otra vez los impulsos musicales y reaccionó al fraseo de la orquesta, que fue aclamada junto con su director. El Coro y el Coro adicional de la Deutsche Oper am Rhein, muy bien preparados por Albert Horne, cantaron de forma excelente. Con un sonido pleno, pero ágil, desde un principio las líneas corales estuvieron cuidadosamente moduladas en cuanto al volumen hasta el maravilloso final.

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