Bajo la égida de la aclamada directora Marie Jacquot, la WDR Sinfonieorchester tocó esta tarde en el gran auditorio, repleto de público, de la Filarmónica de Colonia, con una extraordinaria unanimidad, un color sutilmente matizado y una comprensión impresionantemente orgánica de la arquitectura de las obras a interpretar.
Majestätisch (Mayestático) se titulaba este concierto y así fue realmente. El programa comenzó con la Obertura de la ópera Tannhäuser de Richard Wagner (en la versión de Dresde), siguió con La Nuit des Chants de Thierry Escaich, con el violista Antoine Tamestit, y concluyó con la Sinfonia nº 3 en do menor, op 78 (Sinfonía con órgano) de Camille Saint-Saëns, con la organista Iveta Apkalna.
Las cuerdas combinaron calidez y precisión, la interpretación de los instrumentos de viento fue llena de carácter y distinguida, e incluso en los momentos de máximo apogeo orquestal la textura conservó su claridad. Fue precisamente esta combinación de transparencia e ímpetu dramático lo que hizo que la velada resultara tan musicalmente por demás convincente.
trató la partitura de Wagner no como un muro de sonido, ni como una excusa para el mero peso sinfónico, sino como un tejido vivo, que respira y con múltiples capas. Cuando se requería urgencia, tensó la línea con decisión; cuando la música se abría hacia lo visionario, lo lírico o lo trascendente, le dio espacio sin permitir jamás que la estructura se aflojara.
El resultado fue un mundo sonoro que hizo justicia tanto al resplandor romántico de la partitura como a su inquietud metafísica. Jacquot, dirigiendo con gran distinción, hizo aquí que la Obertura de Tannhäuser surgiera no como un monumento pesado, sino como un drama musical vivo.
Con un instinto infalible para la tensión, el equilibrio orquestal y la culminación dramática, la novísima directora titular de la forjó una interpretación de una cohesión y una convicción inusuales.
El siguiente concierto para viola de su compatriota (presente en la sala), La Nuit des Chants, fue interpretado por su dedicatario, el solista Antoine , quien también lo estrenó mundialmente. El título, al igual que el de su obra gemela, La Piste des Chants, estrenada asimismo en 2019, hace referencia a los rituales de purificación de los indios navajos.
Tamestit llamó la atención de la platea desde el principio con un sonido muy presente. Escaich, organista y profesor del Conservatorio Nacional Superior de Música de París, se había compenetrado intensamente en el estudio de la viola durante el proceso de composición.
Escaich hace vibrar con frecuencia la sonora cuerda de do al aire e incorpora numerosas secuencias de dobles cuerdas, lo que permite resaltar muy bien el sonido específico del instrumento.
Tamestit es un solista que no solo domina la viola de forma excepcional, sino que además se entrega por completo a su interpretación. Comenzó extremadamente concentrado, con los ojos cerrados; más tarde, sonriendo, mantuvo el contacto visual con la directora y los músicos de la WDR Sinfonieorchester, e incluso cuando hacía una pausa, se movía con modestia al compás de la música, formando parte de lo que estaba sucediendo.
Los seis movimientos —El primer mundo. Allegro ma non troppo (attacca); Ven a la pista de los cantos. Allegro moderato subit (attacca); El ejército de los espíritus. Molto vivace (attacca); Pinturas en arena. Adagio ma non tropp (attacca); El Lago de lágrimas. Adagio ma non troppo – Molto vivace subito – Andante subito (attacca); y Torbellino en las montañas. Molto vivace subito – Più mosso— se sucedieron sin interrupción.
Se evocó un ambiente indígena mediante el uso de tambores (tom-toms), trompas y corno inglés, a lo que se sumaron pasajes de semicorcheas en el instrumento solista y, una y otra vez, la sonora cuerda do. Escaich hace que las trompetas repitan las notas finales de estas escalas y este efecto de eco, que la directora Marie Jacquot encadenó con gran fluidez, hizo que el timbre de la viola se fundiera en algo casi sobrenatural.
A continuación, se escucharon melodías en pizzicato, progresiones de acordes y escalas de quintas que, como es habitual en las canciones, se repitieron entre dos y tres veces. Aunque el concierto es sin duda muy exigente desde el punto de vista técnico, está escrito a la medida del instrumento, algo que la interpretación de Tamestit acentuó aún más.
Hubo pasajes tocados con gran energía, melodías de sonido angelical y glissandi en la cuerda do al aire, que tenían un carácter improvisado. La WDR Sinfonieorchester brilló con un gran número de efectos sonoros: melodías de vaqueros en los violines, acentos de jazz y notas de contrabajo y violonchelo tocadas col legno, junto con la percusión y los timbales, por un lado; y, por otro, campana (o copa) de un platillo tocada con el arco, acompañando a tres contrabajos y flautillos en la viola solista.
Al final se sumó además una cadencia frenética y un dúo con los timbales y la percusión, que giraban a gran velocidad. Antoine Tamestit, Marie Jacquot y Thierry Escaich, fueron ovacionados por el público al término de la interpretación. Escaich ha enriquecido así el hasta ahora bastante reducido repertorio concertístico de la viola con una obra que se adapta muy bien al instrumento.
Tras el intervalo, la segunda parte del recital fue consagrada a la Sinfonía nº 3 en do menor, op 78 de Camille Saint-Saëns, la Sinfonía con órgano, dedicada a Franz Liszt, con la destacada solista Iveta . Las primeras cinco notas de esta sinfonía (mi, re, mi, do, re) hacen referencia a la melodía del Dies Irae, que Liszt utilizó en el tema de su composición (Roma, 1863), basada en el Ave María de Jacques Arcadelt.
Dicho sea al margen, no fue hasta 1927 cuando se supo que este Ave María era en realidad una reelaboración del compositor Pierre-Louis-Philippe Dietsch. Este utilizó la melodía de la canción Nous voyons que les hommes de , que posteriormente armonizó en un arreglo coral romántico a cuatro voces de su propia autoría y a la que añadió el texto sacro como contrafactura.
Aquí, la WDR Sinfonieorchester dirigida por Marie Jacquot impresionó en el primer movimiento (Adagio – Allegro moderato – Poco adagio) con un pianissimo muy delicado y un pizzicato aún más suave. La entonación y el conjunto fueron muy buenos, los constantes y arremolinados descensos fueron muy bien esculpidos, las dinámicas se atenuaron y variaron con destreza, y los clímax estuvieron cuidadosamente orquestados por la directora.
La entrada del órgano en el segundo movimiento (Poco adagio), abrió las puertas a un nuevo mundo. Las cuerdas sonaron ricas, firmes y homogéneas sobre la cálida base armónica del órgano, que resultaba notablemente integrado y auténtico, en lugar de parecer un elemento añadido. Durante unos minutos se tenía la ilusión de estar en la nave de una iglesia y casi se podía fantasear o alucinar con el aroma del incienso.
Los profundos registros graves del órgano de la Filarmónica de Colonia, como complemento de la orquesta, transportaron al público a un mundo mágico de cuento de hadas; el espectador podía sentirse como en un ballet de Piotr Chaikovski. El registro de trémolo evocaba paisajes invernales, nieve y la ilusión navideña.
El tercer movimiento, Allegro moderato – Presto, es vivaz y enérgico, con algunas intervenciones de las maderas adecuadamente destacadas y mordaces, así como escalas de piano ágiles y brillantes.
Obviamente, la gran ráfaga del órgano que anuncia el finale es crucial, y en este caso, de las manos de Iveta Apkalna, resulta impresionante, oscura y sombría, con armónicos más punzantes, pero con mucha potencia sin ahogar a la orquesta.
El final fue pomposo, las cascadas de piano sonaron con gran claridad; el vigor de la marcha triunfal que siguió fue impresionante, y el zumbido de las cuerdas, los gritos de los metales y el rugido del órgano en la perorata fueron realmente emocionantes; desataron de inmediato ovaciones antes de que Marie Jacquot pudiera bajar sus manos y lograr al menos un segundo de silencio.
La grabación en vídeo de este concierto puede ser vista a través del canal de youtube de la WDR Sinfonieorchester y la grabación sonora se puede escuchar por la emisora de radio WDR 3 Konzertplayer durante 30 días desde el 17 de octubre pasado.
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