Oscar Puente y Omar Jerez © 2026 by Omar Jerez
Señor Óscar Puente:
He visto que a usted le gusta bailar y que, aparte de bailar, es usted un hombre muy gracioso.
Usted participó en un programa de televisión bailando e ironizando sobre la seguridad de los trenes de alta velocidad. Una semana después de ese baile, todos los españoles supimos lo que pasó.
Permítame, señor Puente, seguir indagando en el baile y en lo que genera a nivel corporal y emocional. Hace veinte años, yo bailaba, y lo hacía a un nivel muy alto, un estilo llamado dubstep. Digamos que el baile que realizó usted, con el debido respeto, era más propio de una discoteca a las cinco de la mañana, con el sentido del ritmo algo desacompasado y llevado por la euforia, acompañado de una buena bebida espirituosa.
El baile, señor Puente, resulta inspirador, y a ambos nos sirve como eje de liberación que conecta con nuestro propio ser y nos hace amar la vida. Pero usted debería investigar sobre una danza japonesa llamada butoh, cuyo mito popular dice que surgió tras el dolor, el trauma y la devastación provocados por las dos bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, donde los cuerpos mutilados cobraron las formas más aterradoras vistas por un ser humano hasta la fecha.
Pero, siendo honestos y dejando a un lado el mito popular, el butoh surgió en medio de una crisis de identidad ante la occidentalización impulsada por Estados Unidos. En aquella época, el ballet clásico buscaba la estilización de cuerpos bellos y simétricos, mientras que los cuerpos de los japoneses eran pequeños y arqueados, ya que gran parte de la población trabajaba en la recogida de arroz en el campo.
¿Se da cuenta, señor Puente? Los japoneses crearon el butoh como rechazo al canon occidental, y pusieron de relieve la muerte, la fealdad, el erotismo prohibido y la decrepitud.
Es curioso que, mientras los bailarines de butoh aman la amputación o el desmembramiento como ejes poéticos dentro de un espectáculo consensuado, las víctimas de Adamuz y de Urda no eligieron la danza de la oscuridad como el principio de un fin que les impidió volver a abrir los ojos.
Por eso le digo, señor Puente, que debería indagar sobre la danza de la oscuridad llamada butoh y hallar en ella las posibles conexiones entre lo que sucede en su interior y este arte tradicional japonés surgido después de la Segunda Guerra Mundial.
¿Seguimos bailando, señor Puente?
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