No cabe duda que Chailly es un rossiniano de altura, quizá el más importante de los que dirigen al músico de Pesaro en la actualidad. El Stabat Mater -¡que lleva cinco años grabado esperando por su edición!- era muy deseado. Y claro, no defrauda. De hecho, la única posible objeción se justifica por la fecha de grabación. Hoy no creo que Riccardo Chailly hubiese dudado en la elección del tenor, que sería con toda seguridad Juan Diego Flórez -su articulación de las frases apoyada en un prolongado fiato en el "Cujus Animam" es inolvidable para quienes lo hemos escuchado en directo-, pero en 1998 no había mejor opción que Giuseppe Sabbatini que, sin la excelencia del peruano, convence sin discusión.
Sonia Ganassi es una mezzo idónea para su parte -como lo habrían sido igualmente Bartoli o Barcellona- y Barbara Frittoli -a quien podría pedirse…
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