La ENO tiene una gloriosa y larga tradición en la ópera en lengua vernácula. Tal vez cabría replantearse hoy la situación (nunca he sido partidario de películas dobladas y menos de óperas en traducción, mucho antes de los diversos titulados), sobre todo cuando, por la propia dinámica instaurada por la palabra cantada, no siempre la entienden los nativos hasta el final (y hay que decir que aquí la dicción era ejemplar, particularmente en Bullock, Rendall y Best, desde mi punto de vista de extranjero). Luego existe el problema del título traducido. No soy un wagneriano acérrimo: admiro al músico, bastante menos al poeta, poco o nada a sus ideas, y no siento simpatía por el hombre (digamos que nunca me ha extrañado la reacción de un Nietzsche ante Parsifal, aunque musicalmente haya tanto de valioso). Pero, claro, Wagner tenía un alto…
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