Desde los años 30 del siglo XX, cualquier violonchelista de cierto mérito acostumbra a arriesgarse con las 6 Suites a Violoncello Solo senza Basso, BWV 1007-1012 (Köthen, 1717-1720) de Johann Sebastian Bach (Eisenach 21-III-1685; Leipzig 28-VII-1750), unas veces para su desarrollo personal como músico-intérprete, y otras, también para presentarlas como concertista en funciones públicas. Y es que estas composiciones han llegado a ser imprescindibles para ellos; funcionan como una vara de medir que distingue su habilidad, y como punto de referencia en que dejan constancia de sus filosofías sobre la interpretación. La larga lista de arreglos realizados sobre estas piezas demuestra, adicionalmente, que ejercen también una gran atracción sobre otros instrumentistas.Los chelistas las conocían ya antes del decenio indicado, aunque las valoraban…
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