La luna que terminará convirtiéndose en roja, según la profecía del Bautista, aquí acaba en negro. Pero eso, y algún otro momento que se da de bofetadas con el texto (ahora no se dirá que Wilde está también pasado de moda), son los únicos momentos -junto con un poco satisfactorio final- que se le pueden censurar a la nueva puesta de Dodin para París.Tras su insulso Demonio del año pasado y la demencial Dama de picas que fue objeto de protestas aquí mismo, en Florencia y menos en Amsterdam, démonos por satisfechos. Pero curiosamente, y aparte de que el vestido de Salomé era más apto para las zíngaras de La traviata, lo que faltó fue el misterio, el del amor, el de la muerte, ese extraño pájaro que bate sus alas anunciando un desastre como afirma una y otra vez el tetrarca.La función tuvo gran éxito de público y de crítica sobre todo por…
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