Génova, capital europea de la cultura en 2004. Llena de obras, con grandes planes y una ciudad siempre muy especial, que no te deja extasiado como otras en Italia, pero que se revela de a poco y como de mala gana, y que me resulta particularmente entrañable (probablemente porque en parte de allí provengo). Hay cosas espléndidas y, como en toda ciudad portuaria que se respete, contrastes de todo tipo. O sea que está viva. Y su teatro aprovecha la ocasión para una temporada variada e interesante y, por un fin de semana, cosa inédita en los teatros italianos, uno puede encontrar dos títulos uno junto al otro. Montar un Mozart y un Rossini no es cualquier cosa. Ya hacerlo es una hazaña. Y lograr resultados -mejor en un caso que en otro- más. Y la sala estaba más llena que cualquiera de las otras veces en que la he visitado, con gente joven…
Comentarios