Tómese a Zedda, Florez y la Antonacci, rodéeselos de buenos elementos, póngase a disposición una buena orquesta y un excelente coro (con el maestro Andreoli también sobre la escena marcando entradas de forma exacta) y, como diría Fígaro, “il colpo è fatto”. Así de sencillo, o de difícil. La crítica podría acabar aquí; no hace mucho me he ocupado de esta obra sensacional del gran pesarés, que parece definitivamente haber superado tonterías y prejuicios, y mi valoración no ha cambiado. Incluso en lo que se refiere a una versión de concierto, que resuelve más que una puesta en escena (necesariamente costosa y vaya uno a saber con qué tipo de resultados; en Lieja se hizo 'tradicional', sin ninguna gana ni genio, y resultaba más tediosa que cuando se la dio en concierto).Mucho del crédito por la definitiva aceptación del Rossini serio se le…
Comentarios