Es comprensible que Henze se interese por Paisiello, siendo él mismo un compositor lírico de relieve (algunas de cuyas obras son fundamentales en el panorama contemporáneo). Pero me pregunto si reescribir recitativos y reorquestar -incluyendo la fanfarria en la orquesta, por ejemplo, junto con un refuerzo de la percusión- una joya como esta es una operación con sentido, sobre todo cuando la obra, en su estado original, tuvo un éxito fulgurante durante casi diez años y tuvo entre sus auditores en el estreno a un Mozart al parecer nada insensible a sus encantos.
Todo lo que se quiera de reflexión sobre la reactualización, la reconstrucción, pero hay momentos en que uno oye dos lenguajes superpuestos, yuxtapuestos y contradictorios. Cuando no sucede, como al principio del segundo acto, el resultado es extraordinario. Pero sucede mayormente…
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