La frase de 'Arkel' dice, en su totalidad: "Si fuera Dios, tendría piedad del corazón de los hombres". Pero uno no es Dios. Y sin embargo, en la música de Claudio de Francia, junto a la sutileza, el misterio y la congoja amenazantes, la luz que se recorta, por escasa, con los distintos tipos de oscuridad (física y mental), cuánto pudoroso respeto por ese enigma que es el alma humana, por el absurdo drama en el que nos metemos sin darnos cuenta y que siempre termina mal para volver a recomenzar.
Un mérito de la puesta de Wilson fue terminar con la apenas fallecida 'Mélisande' en la misma posición en que se tropieza con ella en el momento inicial de la obra su posterior marido y responsable (?) de su muerte, 'Golaud'. He nombrado a tres de los personajes clave, que a uno lo van interesando de distinta manera según avanza (o retrocede, quién…
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