Nueva producción, tercera vez desde el estreno, cada vez con una puesta distinta. Pero el título, salvo algún pasaje por Salzburgo, no parece prender fuera de estas sedes. Muy largo y con un dispositivo orquestal con mucha percussion y ondas Martenot, para empezar. Pero en tres ocasiones no parece haberse convertido en popular, y no creo que entre de modo permanente en el repertorio. Los asientos vacíos (un sábado por la noche), la falta de colas ante las taquillas, quienes pretendían vender su entrada desilusionados, y las cartas a clientes de otros años recordándoles los beneficios de un sustancial descuento no parecen haber surtido el efecto ni convencer más que a los previamente convencidos. Y es que la partitura monumental de Messiaen (casi cinco horas de música, más una más con los intervalos), pasado ya el factor "sorpresa", suena…
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