Por casualidad, después de un Offenbach en París me tocó otro en Milán. ‘Su’ testamento, esa obra en la que tanto creyó y trabajó, y que tantos dolores de cabeza da aún hoy día (hace muy poco estalló otra polémica por el supuesto hallazgo de la “versión original”), pero que es la que más firmemente hoy lo representa ante el público contemporáneo, mucho más que las grandes operetas que le dieron dinero y fama en vida. Es un título que me atrae particularmente, de modo que no hace falta mucho para disponerme a un viaje, sobre todo cuando se acaba de ver una muy buena versión de su Grande-Duchesse y puede resultar un pretexto para un viaje a Milán, en el último espectáculo anterior al regreso esperado a la sala remozada de Piermarini.
Aparte de estos elementos, musicales y no, el principal motivo de atracción era la intervención en el papel…
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