Pinchas Steinberg entró en la sala, saludó, subió al podio y se volvió hacia el público. “Mi compañero el director de orquesta Marcello Viotti acaba de fallecer”, anunció. Por la sala corrió un rumor de consternación. “Guardemos un minuto de silencio en su memoria”. Así se hizo y a continuación, la primera obra fue dedicada al maestro difunto. Fue una falsa alarma, pues Marcello Viotti aún vivía y tardaría todavía dos días en morir.
Quizás por la dedicatoria fúnebre o tal vez por algún otro motivo, lo cierto es que la obertura de Rienzi sonó lúgubre como nunca. Pinchas Steinberg la abrió con un tiempo muy lento, lleno de sombras, con las cuerdas eclipsando a toda la orquesta y con muy contundentes intervenciones de los metales. Si algo llama la atención en la labor de este maestro es el pulso segurísimo y la mano firme con que capitanea…
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