Al fondo del escenario un cielo negro, con estrellas y gigantescas lunas y planetas en movimiento (¡impresionante!). De pronto una oscura plataforma y sobre ella un astronauta. Luego, el preludio ya ha acabado, una escalinata y escuadrón de monos de ambos sexos vestidos con trajes extravagentes y haciendo lo que se espera de ellos, monerías. Saltan, bailan, se rascan, copulan alegremente, muestran al público sus nalgas encarnadas, y, vaya, vaya, ¡también cantan! Uno de los más pequeñitos entona con entusiasmo aquello de "Questa o quella per me pari sono a quant’altre d’intorno mi vedo". ¡Y no lo hace nada, pero que nada mal! Qué micos tan melómanos.
Por un momento tenemos la impresión de estar en un circo maravilloso, pero la mano de Zubin Mehta, zarandeando la batuta a un metro de nuestros ojos, rompe el hechizo y nos recuerda que esto…
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