La obra más popular, la más amada (con razón) de Vincenzino sigue apareciendo con fuerza pese a sus dificultades y a que muchos teatros no toman las precauciones necesarias del caso. La frase viene a cuento porque este mismo día en que yo me desplazaba a Génova -pasando por Milán, donde creía poder asistir a un estreno mundial de Corghi y una ópera rara de Hindemith, y me encontré con el menudo escandalete que es comidilla de todo el mundo lírico- para ver esta función, muy cerca de Bruselas, en un teatro prestigioso cuyo nombre no daré, ocurría de todo -menos bueno- por no haber tomado los recaudos apuntados.
Alguien me había dicho qué tontería era esa de perder tiempo y dinero en ir a buscar lejos lo que tenía al alcance de la mano. Traté de explicar los motivos de mi aparente o real esnobismo y, como no tuve éxito, apelé a la frase…
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