El programa ofrecido por la Filarmónica de Múnich en su concierto de abono del pasado 21 de abril es uno de aquellos que se caracterizan por su unidad, y aun diríamos por su homogeneidad estilística. Los tres compositores elegidos forman parte de las últimas fases del romanticismo (en el caso de Musorgsqui y de Dvorák teñido de nacionalismo), los tres son eslavos, los tres sobresalientes sinfonistas. Y, pese a las semejanzas, las diferencias son lo bastante profundas para evitar todo desequilibrio o monotonía. También el tipo de obras y su disposición son tradicionales: obertura, concierto, sinfonía. Las versiones ofrecidas por los intérpretes estuvieron, por su serenidad, en consonancia con el “clasicismo” del programa.
En el preludio al primer acto de Jovanchina, Zinman sentó parte de los principios en los que se apoyaría toda su…
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