El festival Janácek de Lyon, con tres de sus obras en la puesta hecha famosa por el Festival de Glyndebourne, es tanto un tour de force como un acto de justicia debida.
Explosión tardía del genio, producto del amor platónico, las obras que se suceden hasta la muerte del autor, a años de la gran Jenufa, se pueden reunir bajo el punto común de la meditación sobre el ser humano y el tiempo. Makropoulos es el caso más evidente, con esa protagonista insoportable que poco a poco se nos va haciendo más cercana hasta la gran escena final en que la renuncia voluntaria a la inmortalidad le devuelven a la tricentenaria E.M. en sus diversas versiones la primera y más auténtica: la de la jovencita griega a la que el capricho de un emperador le robó su destino y su vida. Que el maestro de su lengua vernácula se haya permitido aquí una incursión en el…
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