Estrenada luego de la muerte de su autor, que apenas llegó a tiempo para terminarla, París presentó la última creación lírica de Janácek al mismo tiempo que el Festival que le dedicaba a Janacek la ciudad de Lyon. La obra, basada en el relato -autobiográfico en gran parte- de Dostoievsqui, se caracteriza por ser no sólo tan despojada como sus últimas creaciones, sino aún más. Reducida a un campo de concentración en Siberia, donde la figura femenina tan importante en el autor, aparece en el recuerdo, en la voz del joven ‘Alieia’ (otro personaje en travesti, bien interpretado por Le Roi) y en la prostituta que fugazmente se presenta en el momento de la ‘fiesta’ -llamémosla así- del segundo acto. Más aún, es un caso raro de una obra en la que todo es relato, poco pasa (aunque fundamental) y lo que pasa da pie al recuerdo o a establecer…
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