Un concierto en el que actúan dos figuras como Alfred Brendel y Christian Thielemann despierta inevitablemente muchas expectativas y promete unos resultados artísticos extraordinarios. Un programa como el que nos ocupa, dedicado exclusivamente a tres de las obras más representativas de Beethoven, es ya una declaración de intenciones y una promesa al público de que asistirá a una función memorable. De no ser así, resulta algo difícil aceptar una programación tan exageradamente monolítica y falta de contrastes. Sin ninguna duda, el público entendió que le esperaban versiones antológicas de las obras en cuestión. Los resultados finales, sin embargo, no correspondieron del todo a las esperanzas despertadas.
La Obertura de Egmont fue interpretada por la Filarmónica de Múnich con inmaculada corrección. Nada estuvo fuera de lugar, la lectura de…
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