Era la segunda de las dos audiciones previstas, aún con enorme calor en el teatro. No había un lleno total como para Schreker. La obra es poco conocida y tiene en Gergiev un adalid, con razón. No había subtítulos aunque sí un programa en inglés y alemán (no en ruso), pero la gente se vuelve cómoda, lo que no es necesariamente una virtud ni una conquista social. Y, horror de los horrores, como es larga, los cantantes y artistas quieren descansar y el autor la pensó en tres actos, pues hubo dos pausas como están marcadas. ¡Qué largo…! Encima, los turistas acomodados -no diré de qué país asiático- llevan a sus pobres hijos, que por suerte son silenciosos y se duermen. No falta tampoco la dama de un periódico nacional que le reprocha a Gergiev su falta de sutileza. Como si dirigiera una ópera de Haydn (cosa que nunca ha hecho, aunque me…
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