El lector pensará que alguien ha dormido mal, bebido mucho, tenido la cabeza en cualquier parte al leer el título. Sin embargo, le aseguro que es lo que se lee en el programa de mano, muy bien hecho por lo demás. Una traducción de un texto en árabe (parece que el Ponto era musulmán, a juzgar por ciertas actitudes de los figurantes, de modo que miren ustedes por dónde nos salió un Mozart que a los 14 de edad ya sabía del conflicto entre Oriente y Occidente, que francamente ni en Racine, en el que se inspira el libreto -y convendría no olvidarlo, sobre todo cuando se viene del teatro de prosa- ni en la partitura se encuentra) que hace de ‘Mitridate’ una mujer (a lo mejor era una idea para agregar a la puesta o a la ‘versión de Salzburgo’ en la que, por ejemplo, se omite el aria de ‘Arbate’, que es bellísima).
Pero las cosas raras no…
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