Con demora llega al primer teatro francés la que probablemente sea la mejor contribución de Hindemith al arte lírico. Por suerte, en su primera versión, la más concisa e interesante. Y en una presentación de esas de antología, donde lo primero que hay que alabar es la conducción genial de Nagano -aunque Die Gezeinechten de Schreker es una obra más importante desde mi punto de vista, el director está a sus anchas en este repertorio, tiene una batuta y una expresión relajada pero alerta, no sólo para llevar a la orquesta sino para asegurar a todos y cada uno de los cantantes. La actuación de los profesores fue memorable e igualmente feliz fue el desempeño del coro, que además actuó como ese colectivo que embiste y lincha, pero no piensa.
Tal vez a la estupenda puesta de André y a los decorados de Rieti , que llevaron la acción del siglo…
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