No es ningún secreto que Christian Thielemann siente una particular predilección por dos parcelas muy concretas del repertorio sinfónico: el romanticismo alemán y el impresionismo francés. El concierto celebrado el pasado 22 de octubre fue una buena ocasión para apreciar de qué modo este maestro se acerca a obras de tal adscripción estilística, así como para verificar los resultados de su trabajo al frente de la Orquesta Filarmónica de Múnich, de cuya dirección se hizo cargo hace un año.
Los tiempos escogidos para el Preludio a la siesta de un fauno fueron, desde los primeros compases, muy reposados. La visión que Thielemann tiene de la obra es muy personal y en ella se insinúan claramente las raíces wagnerianas de buena parte del lenguaje musical de Debussy, así como su posterior proyección sobre Respighi. En esta versión, en la que se…
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