Recordamos a los cantantes que nos gustan por al menos un papel, o un momento estelar que se nos ha grabado en nuestras obsesivas mentes de operómanos. Y cuando mi editor y amigo, Xoán M. Carreira, me informó de la muerte de Birgitt Nilsson recordé un viaje en coche con otro amigo y operómano, Emanuele Senici. Encendimos la radio de su coche y ponían el final de Elektra de Richard Strauss. Clitemnestra y Egisto han sido asesinados y la orquesta toca el baile. Quizás era ya reconocible la batuta de Solti por la claridad de las texturas y la fuerza salvaje del ritmo, pero la confirmación vino al oírse a Elektra.
Se trataba de una soprano con un timbre robusto y uniforme. Una soprano capaz de atacar las notas agudas en fortissimo y de atacarlas en su mismo centro, sin aproximarse ni pasarse, en el centro de la nota. Y ahí no nos quedó duda.…
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