Así se fue, probablemente, la Nilsson. La entrañable Birgit, para algunos. Para quien esto escribe, su primera ‘Brunilda’ en la primera Tetralogía completa junto a Hans Hotter, Gré Brouwenstijn, Grace Hoffmann y Marga Hoeffgen, e incluso Hans Hopf, entre otros. Sin duda otros tiempos para la lírica, para Wagner, para el teatro Colón y para la Argentina. Y para todos nosotros.
El grito de guerra era tan natural y espléndido que parecía fácil. El clarín de la Nilsson era poco amigo de notas muy graves, pero allí estaban, y cómo, sobre todo en el Ocaso. Como sus medias voces. Y más aún cuando repitió un lustro más tarde la hazaña superándose en la interpretación y con progresos vocales -si eso era posible: pero mientras escribo esto recuerdo su "Heil dir, Sonne' de Sigfrido como si lo estuviese escuchando ahora mismo, aunque no tuviera ya al…
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