El Carlo Felice se ha labrado en buena ley un nombre de probidad, inteligencia, innovación y equilibrio entre novedad y repertorio en la programación. Cuando los recortes dichosos del presupuesto (que se prometió paliar o volver a integrar -otro ejemplo, si hicieran falta más, de cómo juegan las autoridades italianas con la cultura que no le sirve a sus empresas televisivas y conexas) ya habían hecho daño para esta segunda parte de la temporada y, peor, para la próxima, vinieron a sumarse los reclamos de una parte al parecer no muy grande del coro y un sector técnico. He aplaudido y aplaudo la condena responsable de la muerte por asfixia de una cultura poco adicta a un régimen de nuevos ricos incapaz de valorarla; discuto que, en esas circunstancias, una parte de los cuerpos estables paralicen u obliguen a presentar a medias un título…
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