Recuerdo que, a los pocos segundos de comenzar la interpretación de Las Hébridas, pensé: “¿por qué lo está haciendo así?”. Acostumbrado a versiones expansivas, sobrecogedoras, de esta obertura, y con una cuerda grave como la de la Filarmónica de Berlín, no podía entender que Thielemann abordase los primeros compases de la partitura con tanta contención, una tónica que fue la general en el desarrollo del resto de la pieza. Más tarde, en el descanso, meditando sobre lo que había escuchado, se me ocurrió la idea de que quizá esa tradición “trágica” en la interpretación de esta obertura no surja de las intenciones originales de Mendelssohn, sino en el uso que se ha hecho de ella como pieza de lucimiento, no de virtuosismo, sino de color y equilibrio orquestal. Las Hébridas posée algunas de las melodías en registro grave más bellas de…
Comentarios