Llevo algunos días preguntándome a qué puede deberse el éxito de L’Amour de Loin, primera ópera de Kaija Saariaho que, a diferencia de la gran mayoría de óperas contemporáneas, está gozando de un periplo vital mucho más allá de la noche de su première, en aquel Festival de Salzburgo del año 2000. Dejando a un lado la enorme calidad de la partitura de Saariaho, que es algo a todas luces indiscutible, he barajado varias posibilidades. Andreas Richter, director general de la Deutsche Symphonie Orchester, me dijo que probablemente era debido a lo que en ella se narra, a la bellísima historia de amor, a su exposición de emociones a flor de piel y a su empatía con el sentir del público. Es posible, pero se me ocurren decenas de ejemplos, incluso muy recientes, de historias de amor igual de bellas que no han conectado con la audiencia de la…
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