La Harmonielehre de John Adams es una obra que ha alcanzado una cierta popularidad, tal vez precisamente porque en algunos aspectos contradice al estilo llamado minimalista que representa. Hablar aquí de minimalismo tiene sentido sólo si nos referimos a la repetición de temas melódicos. La plantilla orquestal requerida, en cambio es todo menos “mínima” (un buen centenar de instrumentistas). El motivo salta a la vista y al oído: la austeridad temática se ve compensada por la exuberancia tímbrica y por la riqueza dinámica. En el fondo, impresionismo en el sentido más estricto del término, pues lo que el compositor parece querer no es otra cosa que “impresionar” al oyente en el plano puramente sensitivo. Desde un punto de vista armónico, la obra resulta tradicional y es todo un manifiesto contra el dodecafonismo.
Yakov Kreizberg aborda el…
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