En la producción de Dimitri Shostacovich las sinfonías ocupan una posición central y han sido y son objeto de tanta atención, que otras obras del compositor siguen, en alguna medida, en la sombra. Tal es lo que ocurre con el Concierto para piano y trompeta, una pieza que no puede ser considerada como una rareza, pero que, sin embargo, no es interpretada con la frecuencia que merecería. Es, pues, bastante curioso que un pianista tan celebrado como Nikolai Lugansky haya escogido una obra como ésta para actuar por primera vez con la Filarmónica de Múnich. Su lectura del primer movimiento ('Allegretto') es muy poco convencional, pues está hecha desde una perspectiva relativamente romántica, muy seria y en algunos pasajes soñadora, que rara vez se aplica a la interpretación de Shostacovich en general y de esta obra en especial. El gran mérito…
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