El pasado domingo me levanté a las nueve y media, un poco más tarde de lo habitual. Sí seguí mis costumbres al ir a desayunar fuera. Siempre lo hago el domingo. Desde donde vivo hasta University Club hay un paseo de diez minutos y Oxford está precioso en primavera. Me levanté con pocas ganas de ir a Londres para ver Cyrano, no tanto por desinterés sino por conocimiento. Sí, conocía la ópera y no me gustaba. Claro que de vez en cuando me acordaba del protagonista y me asaltaba una cierta excitación que no me dejaba concentrarme en el periódico (pero sí me dejaba comer mi ‘full English breakfast’).
La emoción creció al llegar a la taquilla del teatro y recoger mi entrada de prensa y el programa de mano. Ahí empecé a pensar que estaba deseando oír de nuevo la voz de mi cantante favorito de todos los tiempos y que una hora de espera se me…
Comentarios