A pesar de tratarse de la primera función de Erwartung (La espera) y A Kékszakállú herceg vára (El castillo de Barbazul), en Covent Garden había sitios libres (y eso que se habían regalado muchas entradas a miembros y ex miembros de la compañía). Bastantes espectadores desertaron en el intermedio, no había reservas para cenar en el restaurante caro del teatro, apenas unas pocas mesas ocupadas en el barato, y las entradas estaban de saldo para intentar llenar las siguientes funciones.
No pude evitar afirmarme en lo que a menudo pienso. Moderno es aquello que tiene vigencia y me temo que lo que durante décadas fue condenado por su falta de modernidad -Richard Strauss, por ejemplo- ha tomado el relevo de lo que, también durante décadas, fue considerado “moderno" -Schönberg, por ejemplo. Los teatros no se llenan con estas obras e incluso…
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