En 1996 el Teatro Amazonas volvía a abrir las puertas en Manaos, justo un siglo después de su inauguración. La actuación del tenor José Carreras, entonces, despertaría la indignación popular. La ciudad construida en medio de la selva, que en otro tiempo había disfrutado de una época de gran esplendor gracias a las riquezas proporcionadas por el caucho, no atravesaba su mejor momento, y sus habitantes, cerca de dos millones, no veían con buenos ojos que los dineros públicos se despilfarrasen en costear la vuelta a la vida de un teatro que en otra época había servido de punto de encuentro y diversión para esa burguesía local que presumía de enviar la colada a Lisboa, porque las aguas del Río Negro no garantizaban un lavado óptimo.
Diez años más tarde, el proyecto cultural generado alrededor del Teatro Amazonas ha terminado por convencer a…
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