La presencia de un director como André Previn al frente de una orquesta como la Filarmónica de Múnich, es por lo general un acontecimiento que ningún melómano querría perderse, pero también, como en este caso, una fuente de sorpresas, algunas muy agradables, otras no tanto.
La primera fue la lectura que el maestro germano-estadounidense ofreció de la Sinfonía Praga. Después de haber oído, y sufrido, en los últimos años tantísimas interpretaciones mozartianas realizadas según criterios pretendidamente históricos, resulta muy reconfortante saber que aún quedan intérpretes que, al margen de modas y extravagancias, no han roto el hilo de una tradición ininterrumpida desde tiempos del compositor. El 'Adagio-Allegro' inicial fue puro clasicismo vienés, discretamente matizado por un color levemente italianizante, algunos suaves toques…
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