Ahora no recuerdo el día exacto, pero fue en otoño de 1979 cuando asistí a un concierto en el Palau de la Música de Barcelona, en el que el magnífico trompetista Maurice André era acompañado al órgano por Hedwig Bilgram. La velada valió la pena y el orondo Maurice André demostró ser un solista de un fuelle y calidad excepcionales. En aquellos días obtenía de su trompeta Selmer un sonido sedoso y limpio: fue sin lugar a dudas el gran solista de trompeta de segunda mitad del siglo XX. Antes de Maurice André tuvo justa fama el trompetista Adolf Sherbaum, y después de André, tan sólo Marsalis le igualó en popularidad.
A mediados de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado hubo una serie de modas curiosas. Renació la música barroca, y ésta servía de música de fondo haciendo las veces de hilo musical (el inicio lento del…
Comentarios