España - Cantabria

Festival de Santander

Una Traviata de Zeffirelli

Roberto Blanco
miércoles, 9 de agosto de 2006
Santander, martes, 1 de agosto de 2006. Palacio de Festivales de Cantabria. G. Verdi: La Traviata. Melodrama en tres actos (1853). Libreto de Francesco Maria Piave. Franco Zeffirelli, dirección escénica y escenografía. Alberto Spiazzi, vestuario. Fiammetta Baldiserri, iluminación. Elvezio Brancaleoni, coreografía. Elenco: Svetla Vassileva (Violetta), Roberto Aronica (Alfredo), Giovanni Meoni (Giorgio Germont), Katarina Nikolic (Flora), Paola Leveroni (Annina), Antonio Feltracco (Gastone), Davide Pelissero (Douphol), Riccardo di Stefano (D’Obigny), Gastone Sarti (Grenvil). Ballet Español de Lucía Real & El Camborio. La Corrala de la Danza de Madrid. Orquesta y Coro de la Fondazione Arturo Toscanini. Marco Farelli, director del Coro. Massimiliano Stefanelli, director musical. Producción de la Fondazione Arturo Toscanini. Jornada inaugural del 55 Festival Internacional de Santander. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 100%
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Con esta Traviata precedente de Italia (estrenada en Busetto en 2002) y firmada por el ausente Franco Zeffirelli -dirección escénica y escenografía- tuvo lugar la apertura del 55 Festival Internacional de Santander. La producción de la Fondazione Arturo Toscanini es una propuesta tradicional con concesiones innovadoras, consistentes éstas en tres estructuras semicirculares y concéntricas de metacrilato ubicadas en el centro de la escena, que con sus giros definen límites y articulan espacios -interiores y exteriores- tanto físicos como anímicos.

Una concepción que no encajaba muy bien con el típico oropel y esplendor del reconocido regista, que quedaba de manifiesto en los recios y barrocos cortinones que enmarcaban la boca del escenario y los laterales, procurando profundidad visual. Sí reconocimos al Zeffirelli de siempre en las escenas de la fiesta y del salón de Flora del segundo acto.

Esta ambigüedad escénica se veía reforzada también por una iluminación que buscaba el contraste y se hacía patente en las transiciones de las escenas colectivas a las individuales. Referente a las primeras, la voluntad de simetría en los conjuntos venía impuesta por la distribución de las estructuras escénicas, y aunque le restase dinámica teatral, coro y bailarines entraban y salían de forma armónica, situándose en lo que quedaba de espacio. En lo que respecta a los personajes, se mueven, según el momento de la obra, de forma muy cuidada y, suponemos, estrictamente obediente a las indicaciones del director, dando cierta impresión de rigidez.

La dirección musical de Massimiliano Stefanelli fue perfectamente adecuada al teatro de Zeffirelli, con magníficos momentos y otros que parecía diluirse y demorarse, pero siempre pendiente de la escena y de los cantantes. La orquesta pareció ausentarse en algún momento y a veces sonó apagada, lo que no impidió escuchar pasajes bellísimos con una preciosista sección de cuerda. El coro mantuvo un buen nivel, estupendo en el concertante final del segundo acto, y más discreto en la escena del brindis del primero.

En cuanto a la compañía de canto, meritorias fueron las intervenciones de Gastone Sarti como el ‘Doctor Grenvil’ y de Katarina Nikolic como ‘Flora’; del resto de comprimarios, Antonio Feltraco hizo un bravo ‘Gastone’, y Paola Leveroni una musical ‘Annina’.

La labor interpretativa de Svetla Vassileva como ‘Violetta’ tuvo altibajos: Si matizó correctamente el personaje en los planos psicológico y gestual, estuvo mucho más cómoda en los dos últimos actos, con un canto expresivo y lleno de emoción, aunque en el peliagudo primer acto no pasó de lo correcto, pues aunque tiene sobreagudo, evidenció falta de seguridad y nitidez en las agilidades vocales de la diabólica parte del ‘Sempre libera’, con algún ligero problema de afinación, fraseo y dicción. A cambio, su ‘Addio del passato’ fue conmovedor, expuesto con hondura y facilidad, igual que sus réplicas al exigente ‘Giorgio’en la escena de la casa de campo.

Roberto Aronica fue un ‘Alfredo’ creciente y convincente, y a la postre, el gran triunfador de la noche. Su voz tiene el color que conviene a la claridad del personaje y obtuvo un buen rendimiento en el registro agudo, con voz brillante y bien proyectada que reveló escuela, técnica y personalidad propia.

El tercer papel protagonista, el de ‘Giorgio Germont’, fue interpretado por el barítono Giovanni Meoni, quien construyó un padre severo mediante una noble línea de canto, algo deficiente en el registro grave y en la potencia de emisión, pero bien timbrado en el agudo y en la zona central.

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