Bien, aquí sí hubo renovación de la puesta. Naturalmente, la anterior de Willy Decker, estupenda y muy aceptada (y bien moderna) requirió el cambio que no pareció necesitar la de la Lucia, tan resistida y tan 'veterana'. Por fortuna se contó con el Palais Garnier, lo que además de mayor proximidad permite a los cantantes mayor naturalidad y menor esfuerzo en su canto. De esta obra he hablado otras veces, una muy reciente, de modo que no volveré a insistir en su vigencia, su permanente incitación a la reflexión, su madurez y profundidad musical. Sí en que es difícil lograr traducirla toda de modo igualmente acertado.
La puesta de los Herrmann, otros infaltables en cualquier teatro al que vaya Mortier, tiene su sello característico: bonita, bien iluminada, con alguna idea original (no siempre feliz, sobre todo cuando insiste en agregar…
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