Auditorio a rebosar, quiero pensar que no debido al anuncio de Freixenet, para escuchar a Lorin Maazel en su faceta de violinista, la cual no ha prodigado demasiado en nuestro país. De todas las integrales para violín y piano, pocos programas pueden competir con el ciclo de las tres sonatas de Brahms, obras de gran lucimiento para ambos solistas.Lorin Maazel es un gran prestidigitador capaz de enmascarar sus errores con altas dosis de romanticismo y unas buenas tablas. Hubo en su interpretación muchísimos momentos bellos, pero se quedaron en eso, perlas separadas a las que faltó una unidad que, tratándose de Brahms, un autor donde la forma tiene tanta importancia, hacen peligrar el conjunto que sonó desarticulado ante muchas exquisiteces aisladas. Dejo a un lado temas como los arcos o la utilización de portatos que entran en el campo de…
Comentarios