En el concierto del pasado 10 de noviembre, Christian Thielemann y la Filarmónica de Múnich abordaron dos sinofnías de Beethoven. Los tiempos del ‘Adagio molto - allegro con brio’ de la Segunda, con la que se abrió la velada, fueron muy moderados. Quizá la característica más notable en su interpretación fue la neta división de planos sonoros, organizados en estratos muy diferenciados, con una superposición exacta y bien equilibrada que tuvo como consecuencia un sonido transparente y sin oscuridades, con un amplio espectro de colorido instrumental. Thielemann evitó asperezas y contundencias excesivas, al tiempo que ofrecía una lectura reflexiva y de corte muy clasicista. El fuerte pulso interno con que fue abordado el segundo movimiento se vio reforzado por unos tiempos relativamente rápidos para un ‘Larghetto’. La dicción musical fue muy…
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