Pues bien, justamente en la segunda y más célebre de este, desde el recitativo -porque aquí se les dio todo el peso y la importancia que deben tener- ‘Sventurata Sidon!’ está la prueba de lo que digo. Es un aria estupenda, pero que suele a veces pesar un poco en lo dramático, y que no se compara -como no se compara el personaje- con las de los otros principales (‘Arbace’ es el ‘menos’ principal). Aquí, la pertinencia y la cuota de emoción fueron altísimas y desde cierto punto de vista puedo decir que es la primera vez que entiendo la función dramática del aria y la nobleza del personaje.
En esto el mérito fue también de la puesta de Bondy, entre las más sencillas, directas y profundas de las que le he visto, donde apenas hubo lugar para algún malabarismo o intelectualización (hay elementos sobrantes en el segundo acto, desde mi punto de…
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