Cuando la pasada temporada vino Mélanie Thiébaut a dirigir la banda sonora de Nueva Babilonia de Shostacovich, me sorprendió -para bien- la idea del ‘pulso’ que tiene esta mujer, que supo mantener a sus músicos sentados al borde de los asientos durante toda la función. Esta noche volvió a demostrarlo, y con creces, porque las cuatro obras en programa ponen a prueba ese talento. En su currículum leo que sus estudios -además de los correspondientes a la dirección de orquesta- se han centrado en el clave y en el bajo continuo: pues ahí está la explicación.
Además, Thiébaut es una directora que sabe mandar. Tanto, que no le importa arriesgarse, porque su concepto se adivina siempre clarísimo, y, por lo escuchado hoy, también siempre adecuado. Hace que su orquesta se tire a la piscina con ella, y así esta noche la Real Filharmonía dio unas…
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