Las condiciones en que la obra de Vincenzo Bellini volvió a formar parte del repertorio operístico canónico tras un siglo de destierro en su periferia, son singulares: es a Maria Callas a quien Bellini debe su tardía fortuna, y es a Bellini a quien Callas debió inmensa parte de la suya.
Este hecho ha condicionado de manera decisiva la recepción de la obra de Bellini en la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del XXI; un hecho que rarísimamente y de manera harto vaga suele tomarse en consideración. No sólo es que siempre midamos, conscientemente o no, el nivel artístico y técnico de toda soprano belliniana tomando los logros de María Callas como rasero; también su manera de entender e interpretar a Bellini (¡y por extensión hasta la de sus ocasionales compañeros de reparto!) ha hecho escuela y determinado, sea por admiración, sea por…
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